Luis Suárez se estremeció por la emoción cuando fue presentado como jugador del Barcelona hace seis años, e igual le pasó el jueves en una despedida forzada cuando el club catalán le notificó que no entraba más en sus planes.

El delantero uruguayo, flamante adquisición del Atlético de Madrid, no pudo contener las lágrimas al decir adiós al Barcelona. Afirmó que siempre estará agradecido con los azulgranas, a pesar que le mostraron la puerta de salida.

“Si el club y el jugador piensan que hasta aquí llegó, hay que aceptarlo”, dijo Suárez en una rueda de prensa. “Y si es el jugador el que quiere irse, también. Cuesta, es difícil, son momentos raros y uno tiene familia. Hay que aceptarlo. Son cosas que pasan en el fútbol”.

El jugador de 33 años, cuyo acuerdo con el Atlético se cerró el miércoles, lloró más de una vez al hablar sobre su trayectoria en el Barça.

También destacó el hecho que los azulgranas decidieron ficharle tras el escándalo suscitado en el Mundial de Brasil 2014, al ser sancionado por el mordisco al zaguero italiano Giorgio Chiellini.

“Esto es todo imprevisto, porque no tengo nada preparado. Tengo que agradecer al club porque confiaron en mí en 2014. Sabían que cometí un error y siguieron confiando en mí. No era fácil aceptar eso. Los compañeros me trataron de maravilla”, dijo Suárez.

Suárez subrayó que se marcha orgulloso tras hacer historia en el Barcelona.

Lo hace como el tercer máximo goleador del club, con 198 conquistas, detrás de César Rodríguez (232) y Lionel Messi (634). El “Pistolero” ganó 13 títulos con el Barcelona tras su arribo procedente de Liverpool, incluyendo cuatro trofeos de La Liga de España y la Liga de Campeones en 2015.

El costo de la transferencia al Atlético alcanzaría los 6 millones de euros (7 millones de dólares). Suárez debió buscar otro destino, luego que el nuevo técnico Ronald Koeman le informó el mes pasado que no lo iba a tomar en cuenta.

Suárez evitó reprochar al Barcelona, Koeman o al presidente del club Josep Bartomeu por la manera cómo se manejó su salida. Pero puso énfasis en que un club también debe “aceptar cuando un jugador es el que quiere irse”, lo cual no ocurrió cuando su estrecho amigo Messi lo solicitó el mes pasado.

“Fue un mes de locos, de decir muchísimas cosas que uno no pensaba”, comentó Suárez.

Relató que tenía cierta idea que sus días en el Barcelona estaban contados por lo que se había enterado en la prensa y que Koeman le comunicó en una llamada telefónica que estaba en la lista de descartes, poco después que el holandés tomó las riendas tras la bochornosa derrota 8-2 ante el Bayern Múnich en los cuartos de final de la Liga de Campeones.

En el Atlético, Suárez se encontrará con el técnico argentino Diego Simeone, así como el central uruguayo José María Giménez.

“Suena irónico, pero cuando el Barça me dijo que no contaba conmigo me pusieron en el mercado y hubo muchas llamadas”, dijo Suárez. Me sentía capacitado para ir a un equipo en el que competir de igual a igual con Barça y (Real) Madrid”, afirmó.

Sobre su relación de amistad con Messi al pasar a un rival directo, Suárez resaltó que el astro argentino “debe sentir cosas raras”.

“Pero eso no va a cambiar nuestra relación, no se van a mezclar los sentimientos que tenemos por enfrentarnos como rivales en partidos complicados como son los Barça-Atlético”, afirmó. AP

 

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