La “Operación Gedeón”, cuyo supuesto objetivo es detener a Nicolás Maduro y que las fuerzas de seguridad del gobierno en disputa aseguran haber desmantelado, enturbia la vía de una transición política negociada en Venezuela, opinan expertos consultados por la Voz de América.

El intento de incursión militar en el que habrían participado dos docenas de hombres armados en las costas venezolanas cava una trinchera de separación entre las fuerzas militares leales al presidente en disputa, Nicolás Maduro y la oposición, coinciden.

El domingo, el madurismo dijo haber frustrado lo que llamó una “invasión” marítima, con lanchas rápidas, de “mercenarios terroristas” en la ciudad portuaria de Macuto, La Guaira, a 40 kilómetros de Caracas. En el hecho, los cuerpos de seguridad mataron a ocho de los presuntos asaltantes.

Esa tarde, el capitán desertor venezolano Javier Nieto y Jordan Goudreau, un exmiembro de las fuerzas especiales de Estados Unidos y dirigente de la empresa de seguridad privada Silvercorp USA Inc., se atribuyeron el operativo para detener a Maduro y facilitar la transición política en Venezuela.

El lunes, el gobierno en disputa reportó la detención en la zona costera central de otro grupo de hombres armados, entre ellos dos estadounidenses.

Maduro describió la operación como “narcoterrorista” y acusó a los gobiernos de Colombia y Estados Unidos de estar detrás de ella.

Juan Guaidó, presidente interino y líder del Parlamento venezolano, negó las acusaciones acerca de que estaría involucrado en el asunto, a pesar de la filtración de un presunto acuerdo con Silvercorp, que incluye su firma, por 212 millones de dólares.

El líder opositor, sin embargo, exigió respeto a los derechos humanos de los detenidos. Afirmó que la operación estuvo “infiltrada” y acusó al madurismo de preparar la masacre del primer grupo.

Goudreau dijo al diario The Washington Post y a la agencia Associated Press que 60 hombres se infiltraron en Venezuela en una “primera fase” para reclutar miembros de las fuerzas de seguridad.

Luis Vicente León, analista y presidente de la firma Datanálisis, considera que interpretar el alcance de la “Operación Gedeón” es como tratar de armar un rompecabezas al que todavía le faltan piezas.

Para él, hay una combinación de verdades y mentiras. Da por verídico, sin embargo, que existe un movimiento armado en busca de “mecanismos de desestabilización” del gobierno en disputa.

Ese grupo proviene de las alas más radicales de la oposición venezolana, estima.

“Es una posición política con muchos años de lucha, sin resultados concretos, que se pone nerviosa al ver que las vías de presión (al ‘madurismo’) no son suficientes para provocar el cambio”, menciona en conversación telefónica con la VOA.

Diálogo herido

La actuación de facciones radicales de la oposición, diagnostica León, es un yunque atado a los tobillos de las negociaciones tradicionales y las salidas ordenadas a la crisis política de Venezuela.

Estados Unidos formalizó hace mes y medio un plan de 12 pasos para destrabar la crisis política venezolana hacia una transición, que contempla un Consejo de Gobierno en el cual estarían incluidos dos representantes del chavismo y un jefe militar del Alto Mando actual como asesor.

El presidente Donald Trump negó el martes cualquier participación en el operativo. “Nos acabamos de enterar, pero no tiene nada que ver con nuestro gobierno”, dijo a la prensa en la Casa Blanca.

Gedeón, opina León, espanta a sectores militares del oficialismo que quizá hayan coqueteado con la idea de vislumbrar sus roles en una eventual transición política en Venezuela.

“No ayuda en el camino de negociar una búsqueda de soluciones con el sector militar, que necesita sentir que puede negociar su propia continuidad. ¿Se va a destruir, a ser kamikaze, entregando a Maduro, él, su familia y su plata? Prefiere morir en la defensa” del proyecto chavista, dice.

A su entender, la Operación Gedeón despoja de atractivo -si alguna vez lo ha tenido- a la oferta de negociación para una transición ante los ojos de las fuerzas militares leales a Maduro.

“A ese sector, le estás presentando unos grupos armados que están entrando por la fuerza al país y planificando ataques contra el sector militar. No puede ver una invasión como un aliado”, evalúa.

Se pregunta si, a la larga, el fracaso de esos intentos armados genere “una llama de levantamientos”. Recuerda que, en Venezuela, a finales del siglo XVIII, el movimiento armado conocido como “la conspiración de Gual y España” fue destruido, pero marcó el punto de origen de la independencia.

León, no obstante, nota fortalecido al madurismo tras la frustración de la operación mercenaria.

En el corto plazo, dice, no se vislumbra un poder suficiente de negociación de parte de la oposición, a pesar de su alianza estratégica con Estados Unidos.

“Si no garantizas al sector militar su integridad familiar y personal, su garantía de protección y su patrimonio y sus negocios, la probabilidad de que se desmarque y se mueva es muy baja”, insiste.

León prevé que sectores que promueven la transparencia en Estados Unidos presionen a la administración Trump para dilucidar si se usaron fondos estadounidenses en la Operación Gedeón.

El madurismo anticipa, puede montarse en esa ola discursiva para atacar a Guaidó.

“Puede buscar el gobierno venezolano, paradójicamente, un ataque legal contra Guaidó y sus grupos en Estados Unidos sobre los temas de corrupción, de uso de recursos del Estado sin pasar por la Asamblea Nacional” para operaciones de esa índole, opina.

Conflicto intratable

La posibilidad de zanjar la crisis política mediante conversaciones tradicionales entre el ‘madurismo’ y la oposición está congelada “en principio” tras el desmantelamiento de la Operación Gedeón, según Ricardo Sucre Heredia, politólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

El gobierno en disputa, interpreta, tiene otro elemento firme para “relanzar su marca” de presunta mejora en su eficacia, por ejemplo, con la prevención del nuevo coronavirus.

“Se va a sentir más cohesionado, más fuerte, con menos motivos para una conversación política en términos de una elección que ponga al pueblo a decidir el futuro del país”, manifiesta a la VOA.

Sucre Heredia incluye en un mismo saco de derrotas armadas de la oposición a la Operación Gedeón y al movimiento del 30 de abril de 2019, cuando Guaidó y Leopoldo López, recién liberado éste de su arresto domiciliario, llamaron en vano a la rebelión de la Fuerza Armada ante el chavismo.

Espera que madurismo y oposición “marquen terreno” luego de los arrestos y enfrentamientos en las costas del centro de Venezuela y, luego, teme que el país aterrice en lo que la psicología social se denomina “el conflicto intratable”, un aprieto político sin solución aparente.

De inmediato, cree que predominará el status quo, al menos por ahora: Maduro, liderando el poder de facto; y Guaidó y sus aliados, intentando vislumbrar el camino más idóneo para derrocarlo.

Suárez Heredia percibe a la oposición “agotada en el discurso del quiebre”.

Interpreta la Operación Gedeón como la expresión de una disidencia militar “más estructurada” y con nexos políticos, que se originó -explica- desde las protestas sociales contra Maduro en 2017.

“Era lógico que en algún momento eso cuajara en algún tipo de operación con el discurso de la oposición sobre un ‘Maduro peor que Hitler’ o un ‘Estado criminal’”, sentencia.

El también psicólogo social advierte que los involucrados en la Operación Gedeón cometieron el “error” de subestimar al gobierno en disputa y la reacción de sus fuerzas de seguridad.

“No hay conversaciones”

Guillermo Tell Aveledo, politólogo de la Universidad Central de Venezuela, camina a tientas en torno a la Operación Gedeón. Dice desconocer los detalles “ciertos” del plan y sus ramificaciones.

Acota, sí, que se trata de un episodio de política no convencional y “fuera del sistema”.

La interpreta como una operación “organizada en sus propios términos” y “de iniciativas particulares”, que es secuela de las desafecciones militares del gobierno madurista entre 2018 y 2019.

Las dudas sobre si Gedeón involucró al entorno de Juan Guaidó le impiden descartar una ruta de acuerdos por parte de la oposición o anticipar la “excusa” de Maduro para postergar conversaciones.

“El año pasado, tras la rebelión del 30 de abril, se inició el proceso de Oslo-Barbados”, advierte a la Voz de América, en referencia a las rondas de negociaciones entre abril y septiembre de 2019.

“En todo caso, ocurren en un clima donde no hay conversaciones abiertas, ni señales inequívocas de avance de proceso alguno”, añade Tell Aveledo.

El resultado de la operación, opina, será usado como propaganda oficial para reforzar la idea de que la oposición es “violenta y derrotada”, y la noción según la cual la revolución está “amenazada”.

Tell Aveledo avizora la profundización de lo que califica de “deriva autoritaria” del madurismo, “no solo atacando a opositores políticos, sino también a organizaciones de derechos humanos”.

VOA

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