“Si los venezolanos no nos ponemos de acuerdo en implantar un nuevo modelo de desarrollo, productivo y no rentístico, y no aprovechamos la pandemia para formular una nueva estrategia de desarrollo sustentable, seguiremos padeciendo la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa, con instituciones democráticas frágiles e insensibles al ciudadano de a pie”. El señalamiento pertenece al economista egresado de la Universidad de George Washington y presidente de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos, que aglutina a las transnacionales petroleras y empresas de servicio.

En un artículo compartido con Sumarium, el también docente del postgrado de Geopolítica Petrolera de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que el nuevo modelo a construir debe, necesariamente, superar el rentismo petrolero, que lejos de sacar a Venezuela del subdesarrollo, la convirtió en una economía dependiente de los hidrocarburos, y la alejó del desarrollo de la verdadera riqueza que debía forjar el trabajo de cada uno de los venezolanos.

Para Grisanti la grave situación que atraviesa Venezuela podría colocar al país a padecer una contracción de su economía de 15% al cierre de este año, que arrastra ya cerca de 70% de contracción del PIB entre 2014 y 2019. Lo grave para él es que esta realidad impactará negativamente en los ya preocupantes índices de pobreza, abastecimiento y empleo.

Lea aquí el artículo completo.

Rentismo en tiempos de coronavirus

Por Luis Xavier Grisanti

Las economías y las sociedades del mundo viven momentos dramáticos y alarmantes con motivo de la pandemia del coronavirus. El saldo en vidas humanas es aterrador: más de 2,7 millones de personas han sido infectadas y 193.930 han fallecido hasta el 24 de abril. Se han desvanecido más de 25 millones de empleos en la economía más poderosa y abierta del planeta: los Estados Unidos.

Las bolsas de valor han perdido un 35% de su capitalización. El PIB de los Estados Unidos y la zona euro bajarán 4,1% y 6% en 2020. Se calcula que la demanda petrolera mundial, en abril, cayó 20 millones de barriles diarios (MMBD) de un total de 99,6 MMBD en 2019. El covid-19 ha dado lugar a una profunda reflexión planetaria acerca del despilfarro de recursos y de su incidencia sobre el ambiente y la salud de los seres humanos dentro de una sociedad tan consumista y ayuna de espiritualidad.

La economía de Venezuela podría contraerse un 15% adicional en 2020, con un impacto muy negativo sobre los índices de pobreza, abastecimiento y empleo. El crudo West Texas Intermediate en el mercado de futuros (marcador de los Estados Unidos), para entrega el martes 21 de abril, cerró en valores negativos de $30 por barril. La cesta petrolera venezolana se ubicó en $13,04/b a mediados de abril (por debajo de su costo). La Opep y sus aliados llegaron a un acuerdo histórico para rebajar la producción en cerca de 10 millones de barriles por día. Las economías petroleras son particularmente endebles, excepto aquellas que en la bonanza 2003-2014 lograron ahorrar grandes sumas de petrodólares en fondos soberanos, como Arabia Saudí y Noruega.

La venezolana es una de las economías más vulnerables por su alta dependencia de la renta de hidrocarburos. Ha revivido el debate acerca de la inconveniencia de depender tan integralmente de un recurso natural tan volátil, que no proviene del trabajo de los venezolanos, sino que es un regalo fortuito de Dios y la naturaleza. Pero desde el boom de precios de los años 70 del siglo XX, Venezuela no ha sabido administrar su inmensa riqueza con sabiduría ni prudencia. Casi todos los sectores de la sociedad (con excepciones) se acostumbraron, no a trabajar ni a producir, sino a importar y repartirse en forma clientelar la ingente renta petrolera (los “caza rentas”).

Hoy estamos sufriendo las graves consecuencias de la exacerbación rentística de las bonanzas petroleras de los años 70 y los años 2000. Nuestro COVID-19, es decir, La Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa, nos han interrumpido la respiración sana del cuerpo social venezolano. Sufrimos una tos seca, con fuertes dolores estomacales, alta fiebre y decaimiento corporal de rentismo encolerizado e intoxicación económica dentro de un Petro-Estado obeso y con poca capacidad de moverse.

El mundo superará el coronavirus. La ciencia conseguirá la cura. Se restablecerá el equilibrio económico mundial. Surgirá una economía global más sana, humana, verde y descarbonizada. Pero si los venezolanos no nos ponemos de acuerdo en implantar un nuevo modelo de desarrollo, productivo y no rentístico, y no aprovechamos la pandemia para formular una nueva estrategia de desarrollo sustentable, seguiremos padeciendo la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa, con instituciones democráticas frágiles e insensibles al ciudadano de a pie.

Comments

Comments are closed.