El tablero del juego está sobre la mesa. Las potencias petroleras sacan sus cuentas y preparan estrategias. El encuentro “virtual” de mañana jueves 9 de abril entre la Opep y la Opep+ será clave, y su mayor reto, estabilizar el deprimido mercado mundial de petróleo. El segundo, recortar una buena tajada de producción, sumando al desafío a Estados Unidos, México, Brasil, Canadá y Noruega. Apoyo que está por verse. Y el tercero, ganarle contra todo pronóstico a los efectos devatadores del Covid-19.

Un nuevo fracaso, como el del 6 de marzo pasado, podría ser letal para los productores de petróleo que han visto mermar sus ingresos y un barril Brent en torno a los 20 dólares. No llegar a un acuerdo de recorte pareciera no ser la opción. Sin embargo, tampoco se puede adelantar el éxito.

Decía recién ayer, a dos días de la reunión, la estatal agencia rusa RIA Nóvosti que no hay ningún consenso aún sobre un eventual recorte de la producción entre Moscú y Riad. Protagonistas indiscutibles del mal trecho mercado petrolero. De hecho, se espera que el propio jueves en el encuentro se defina la ruta de acción.

Entretanto, el Covid-19 sigue cobrando miles de vidas y minando todos los espacios de la economía global, haciendo declinar cada vez más la demanda de petróleo, tras el confinamiento de millones de personas en sus hogares. Mientras la paralización de toda actividad amenaza con la pérdida de millones de puestos de empleo en el mundo.

Cifras publicadas este martes por la Organización Mundial del Trabajo alertan sobre recortes previstos a gran escala: en los Estados Árabes (8,1 por ciento, equivalente a 5 millones de trabajadores a tiempo completo), en Europa (7,8 por ciento, o 12 millones de trabajadores a tiempo completo) y en Asia y el Pacífico (7,2 por ciento, 125 millones de trabajadores a tiempo completo). Una verdadera catástrofe que recorta las posibilidades de elevar el consumo de energía fósil.

En los Estados Unidos ya unas 10 millones de personas han pasado a las listas del desempleo. Solo la semana pasada se sumaban a la tragedia 6,6 millones de personas más. Se trata de un aumento tan rápido que no tiene precedentes y se observa que va en franco crecimiento. “En dos semanas, Estados Unidos registró tantos pedidos de trabajo como en los primeros seis meses de la crisis del 2008”, reportó France24.

¿Cuánto recortar? He ahí el dilema

La gran incógnita de este juego es saber quiénes se sumarán al recorte de producción y de cuánto deberá ser para que impacte sobre los precios del crudo, al menos deteniendo su desplome.

De acuerdo con estimaciones de varios organismos energéticos, la demanda ya se ha contraído. La Agencia Internacional de Energía (AIE), que representa los intereses de países consumidores de la OCDE, ha estimado que el consumo ha caído entre 1,2 a 1,5 millones bpd hasta la fecha. Mientras otros organismos ven una destrucción del mercado de más de 10 millones de bpd al cierre de 2020.

La propia Opep disminuyó sus estimaciones del crecimiento de la demanda. Para este año preveía un repunte de ente 1 millón y 900.000 bpd. Luego de la reunión sin acuerdo su previsión se desplomó a un escueto incremento de entre 60.000 a 70.000 bpd. Las estimaciones ya están fuera de la realidad. Sin duda.

EEUU, Arabia Saudita y Rusia manejan los hilos del mercado

Pero, cuál será el real hundimiento de la demanda.  Las proyecciones ya están entre los 10 y 40 millones de bpd al cierre de este año. Sin embargo, el Covid-19 seguirá impactando los mercados hasta más allá de 2020.

Se trata, según han voceado la ONU, la OMS, la OIT, el FMI y otros órganos mundiales, de la peor tragedia económica del planeta, que deja incluso a la crisis financiera de 2008 en pañales.

Los alcances e implicaciones sociales, económicos y políticos que ha traído y que traerá consigo la pandemia asoman una reconfiguración del mundo. Mientras que ya se habla de un antes y un después del Covid-19.

El mundo petrolero cuyas expectativas de oferta y demanda son siempre extremadamente complejas de determinar, se enfrenta mañana a una tarea muy difícil. Mirar al futuro petrolero en un panorama como el actual, es un ejercicio de temeridad. Sin embrago, la tarea está allí.

Estados Unidos ha sido uno de los primeros productores independiente en lamentar el fracaso de la reunión del 6 de marzo, en la que Arabia Saudita y Rusia patearon la mesa e iniciaron una inconveniente guerra de suministros y por ende de precios, que terminó de hundir el ya deprimido valor del petróleo.

Pero lo que en esa reunión se hubiese acordado, hoy no serviría de contención, asegura el profesor de postgrado de hidrocarburos de la UCV y analista del entorno geopolítico petróleo, Mazhar Al-Shereidah, toda vez que la realidad sobrepasa 1,5 millones adicionales que planteaban retirar del mercado.

Las cuentas de Donald Trump reportan que la demanda de crudo bajará en 40%, lo que supone poco menos de 40 millones de bpd sin colocar. La mayor caída de la historia, dice. Sin embargo, Trump solo quiere ser árbitro y presiona a Arabia Saudita y Rusia para que entre ellos lleguen a un acuerdo salvador y eliminar hasta un 15% de los suministros mundiales.

Por su parte, Vladimir Putin ha reconocido que es posible reducir la producción mundial de petróleo en 10 millones de bpd, pero ello sería, si, y solo sí, todos los principales productores, incluido Estados Unidos, se unieran.

El ministro ruso de Energía, Alexandr Nóvak, también sugirió incluir en el nuevo acuerdo en ciernes a Estados Unidos, el mayor productor de crudo del mundo, que tiene en riesgo real su costosa producción de esquistos o shale, un crudo atrapado en piedras, que le aporta el 75% de su producción.

El economista y analista petrolero, Luis Oliveros, sostiene que los productores estadounidenses de shale deberían sumarse al acuerdo, toda vez que el efecto de precios bajos sobre ya está dejando en el camino a empresas del rubro.

Para Oliveros, Rusia es la que debe convencer a Estados Unidos de plegarse al pacto. Sostiene que es la manera más rápida y expedita para ver resultados. No obstante, ve precios bajos por bastante tiempo y estima que deben hacerse revisiones periódicas del comportamiento del mercado.

Lo que pareciera estar claro es que “la magnitud de la actual interrupción de producción está mucho más allá de lo que la Opep puede manejar sola”, advirtió la semana pasada el Centro de Estudios e Investigación Petrolera del Rey Abdullah del estado saudita.

Un veterano en negociar volúmenes de producción, el ex ministro de Petróleo y ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, comparte el pronóstico reservado sobre la cumbre de la Opep+. “Si un mes después, los dos grandes productores, Rusia y Arabia Saudita, deciden dejar atrás su soberbia e intereses geopolíticos y acuerdan un recorte similar al propuesto hace tan solo un mes, es decir 2 millones de barriles día de petróleo, todavía restarían 8 millones de barriles para llegar al número indicado de 10 millones de recorte señalado por Trump y Putin”, que en las condiciones actuales ya podría resultar insuficiente.

Para Ramírez, un punto fundamental es que “si la Opep no existe, o pierde la capacidad de regular el mercado, otros lo harán, bien como lo hacía el Rail Road Commission en Texas al inicio de la producción en norteamérica, o como lo hacían las empresas transnacionales, las 7 hermanas, antes de la existencia de la Opep”.

El problema es estructural, el Covid-19 llegó a rebasar el vaso

Para Mazhar Al-Shereidah la reunión no tendrá éxito. Incluso si se llegara a definir un recorte. Dice que la agresiva destrucción de la demanda que se está registrando y las expectativas de que podría ser de entre 25 y 40 millones al cierre de año, ata de manos a los productores de crudo, que podrían continuar siendo testigos de un hundimiento sin pronóstico de las cotizaciones del hidrocarburo.

Y es que para el profesor de hidrocarburos de la UCV el problema es básicamente estructural, y sostiene que la pandemia solo llegó a acelerar un escenario de bajos precios. Mientras el mundo petrolero era testigo de una demanda estancada con un escueto crecimiento de entre 1 a 1,5 millones de barriles por día desde hace muchos años.

“Y hablo de una sobreoferta estructural. El mundo está lleno de petróleo. Y no solo bajo tierra. El mundo está lleno de reservas en físico en grandes tanqueros, bajo tierra, y en donde quepan. La cifra podría ser superior a los 11.000 millones de barriles y eso presiona los precios a la baja”, comenta el docente.

Al-Shereidah sostiene que no es posible torcer el destino. Sabemos que el juego de la oferta y la demanda presiona los precios a la baja, y más en un momento en el que la economía se desdibuja y amenaza con destruir el crecimiento del planeta. No es posible, dice, intervenir de manera exitosa cuando el mundo está paralizado.

“Si la caída de la demanda se proyecta entre los 25 a 30 millones de barriles, y recortas 10 millones. ¿Vas a detener el declive de los precios? No lo creo.

El analista del entorno geopolítico petrolero, Mazhar Al-Shereidah, estima que Estados Unidos no participará en una repartición de cuotas de recorte. Sin embargo, está seguro de que igualmente, el mayor productor de crudo del mundo, que ha superado los 12 millones de barriles, verá a sus compañías productoras contraer producción de manera obligada o forzosa.

De hecho, la EIA, el gubernamental brazo estadístico de energía de Estados Unidos, redujo el pronóstico de producción de petróleo para 2020 en más de 1 millón de barriles por día, ya que el colapso de los precios del crudo y la caída de la demanda amenazan con cerrar la producción en los campos más grandes del país.

El informe de la EIA detalla que la producción promedie 11,76 millones de barriles por día hasta diciembre, por debajo de un pronóstico anterior de 12,99 millones de barriles. Ya también redujo sus proyecciones de producción para 2021 en 1,6 millones de barriles por día a poco más de 11 millones de barriles diarios.

“Puede que sea un profeta del desastre, pero no veo salida a esta encrucijada. Estamos enfrentados a un problema estructural que se condimentó con una pandemia, que no está dando márgenes para pensar que en el corto o mediano plazo podamos ver una solución. Altos inventarios físicos y en yacimientos, más la paralización de los centros de trabajo, alternativas energéticas que van ganando espacios. Adelantar resultados sería un enorme ejercicio de temeridad”, finalizó Al-Shereidah.

Las cartas están echadas. Rusia y Arabia Saudita esperan por actores diferentes que puedan aportar su grano de arena. Mientras afinan estrategias en un mercado de extrema complejidad y predicción.

Erika Hidalgo López / Sumarium

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