El uso de mascarillas se ha hecho obligatorio en Venezuela para detener la propagación del coronavirus, en un país que vive su tercer año de hiperinflación, con un sistema precario de salud y fallas constante en los servicios básicos como agua y electricidad.

En ese sentido, los venezolanos han tenido que reiventarse ante los elevados costos de las mascarillas en los establecimientos. Por ejemplo, en un pequeño taller de costura Stalina Svieykowsky y Nelson Jiménez preparan la entrega de 60 tapabocas en su casa en San Antonio de Los Altos, una ciudad a 40 minutos de la Caracas.

La razón principal de este nuevo proyecto, que también llevan decenas de pequeños negocios, es sacar provecho de un negocio en un país donde el costo promedio de un tapabocas en farmacias oscila desde 100.000 a 420.000 bolívares, o el equivalente a entre 1,3 a 5,6 dólares, además no hay suficientes tapabocas para la demanda local.

Las que elaboran eta pareja cuestan 30.000 bolívares o menos de un dólar y las comercializan a través de redes sociales, práctica que se ha hecho común en medio de la cuarentena. En un día, fabrican hasta 150 mascarillas de tela POP, un material textil de fibras, reseña la agencia Reuters.

“Las tenemos a bajo costo por la cuestión de la necesidad, la situación económica que todos estamos atravesando”, sostuvo Svieykowsky, al tiempo que agregó que también las han regalado cuando las personas no tienen el dinero para pagarlas “esa también es la idea, ayudar un poquito a las personas que lo necesitan”.

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