El Papa ha explicado en el ángelus de este domingo que el resfriado que ha hecho que cancele toda su agenda pública desde hace cuatro días, también le impedirá seguir los ejercicios espirituales con la Curia en Ariccia, una localidad a unos 10 kilómetros de Roma a la que suele acudir en Cuaresma para concentrarse espiritualmente antes de Semana Santa.

“Lamentablemente, el resfriado me impide participar en estos ejercicios”, ha lamentado el pontífice asomado al balcón de su estudio privado en el Palacio Apostólico si bien ha aclarado que “seguirá las meditaciones” desde la casa Santa Marta, donde reside.

Francisco ha dedicado las reflexiones del ángelus a las tentaciones de Jesús en el desierto y ha animado a los fieles “estar vigilantes” para “no someterse a ningún ídolo de este mundo”, y “a seguir a Jesús en la lucha contra el mal”.

El Papa ha explicado que Jesús, después de su bautismo, “fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo“.

Tras un período de ayuno de cuarenta días (ésta es la razón por la que la Cuaresma dura este periodo de tiempo), ha señalado el Papa “el tentador, el diablo, irrumpe e intenta tres veces poner a Jesús en problemas“.

Las tres tentaciones, según el relato de la Biblia son: la tentación del hambre, la del poder y la del mesianismo político.

Tras cada una de ellas, el Papa ha dicho que “el diablo se vuelve más astuto”, si bien ha manifestado que “Jesús no se deja confundir, porque los que creen saben que Dios no les pone a prueba, sino que se confían a su bondad“.

Así ha alertado: “Todavía hoy Satanás irrumpe en la vida de las personas para tentarlas con sus propuestas tentadoras; mezcla las suyas con las muchas voces que tratan de domar la conciencia”.

Así ha invitado a los fieles a estar atentos porque “los mensajes llegan de muchos lugares invitando a la gente a ‘dejarse tentar’ para experimentar la intoxicación de la transgresión”.

Y ha concluido: “La experiencia de Jesús nos enseña que la tentación es el intento de recorrer caminos alternativos a los de Dios, caminos que nos dan la sensación de autosuficiencia, de disfrute de la vida como un fin en sí mismo”.

“Todo esto es ilusorio: pronto nos damos cuenta de que cuanto más nos alejamos de Dios, más impotentes y desamparados nos sentimos ante los grandes problemas de la existencia”, ha finalizado.

Agencias.

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