El presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, señaló este miércoles que el reto de Juan Guaidó es “hacer algo distinto a lo que no funcionó en 2019, como poner sobre la mesa una fuerza real para defender los derechos o mostrar un poder de presión más amplió (incluyendo aliados chavistas) para provocar una negociación de cambio”.

“Guaidó y la oposición tienen el reto de “concretar su oferta de cambio, y este no puede ocurrir haciendo lo mismo que ya se hizo todo un año, sin resultados. El éxito real no está en reanimar esperanzas, si estas no se pueden concretar en resultados. La gran incertidumbre es si Guaidó trae bajo la manga una nueva fuerza que le permita movilizar a una población, que hasta ahora luce agotada o una alianza internacional distinta, que incluye a los aliados del chavismo, para presionar una negociación política real que nos conduzca al rescate de los derechos políticos y ciudadanos. Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo, ni en la lucha ni en la negociación, sería absurdo y loco esperar un resultado distinto al que ya había y que es evidentemente malo. Esta es una realidad como un templo (más allá de las emociones y deseos), que no intenta proyectar sino plantear los retos gigantes del futuro, que deseamos ver superados”, dijo.

Asimismo, destacó que el líder opositor ha tenido éxitos evidentes que “enervan a sus enemigos (dentro y fuera): Relanza su protagonismo político (que había sufrido desgaste luego de una lucha ardua sin lograr el sueño de la mayoría de la población: el cambio de gobierno); fortalece la simbología de su liderazgo nacional, refrendado por los principales líderes mundiales; afianza sus alianzas internacionales y renueva las esperanzas de cambio en la población venezolana”.

“Todos estos objetivos cumplidos son positivos para él, para la oposición y para la lucha por el rescate de la democracia. Pero todo esto es también una obra de arte efímero, que se desvanece muy rápidamente, si Guaidó no trajo consigo algo distinto a lo que ya existía antes de salir. Algo que vaya mucho más allá de los discursos de respaldo internacional, que ya tenía; o el reconocimiento a su presidencia interina, que ya tenía; o la deslegitimación del gobierno de Maduro, que ya había ocurrido; o la agudizacion de sanciones generales, económicas y financieras que ya existían y cuyo fracaso es históricamente conocido y esperado”, indicó.

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¿Qué logró Guaidó? Tuvo exitos evidentes, que enervan a sus enemigos (dentro y fuera): Relanza su protagonismo político (que había sufrido desgaste luego de una lucha ardua sin lograr el sueño de la mayoría de la población: el cambio de gob); fortalece la simbología de su liderazgo nacional, refrendado por los principales líderes mundiales; afianza sus alianzas internacionales y renueva las esperanzas de cambio en la población venezolana. Todos estos objetivos cumplidos son positivos para él, para la oposición y para la lucha por el rescate de la democracia. Pero todo esto es también una obra de arte efímero, que se desvanece muy rápidamente, si Guaidó no trajo consigo algo distinto a lo que ya existía antes de salir. Algo que vaya mucho más allá de los discursos de respaldo internacional, que ya tenía; o el reconocimiento a su presidencia interina, que ya tenía; o la deslegitimación del gobierno de Maduro, que ya había ocurrido; o la agudizacion de sanciones generales, económicas y financieras que ya existían y cuyo fracaso es históricamente conocido y esperado. Guaidó y la oposición tienen el reto de concretar su oferta de cambio, y este no puede ocurrir haciendo lo mismo que ya se hizo todo un año, sin resultados. El éxito real no está en reanimar esperanzas, si estas no se pueden concretar en resultados. La gran incertidumbre es si Guaidó trae bajo la manga una nueva fuerza que le permita movilizar a una población, que hasta ahora luce agotada o una alianza internacional distinta, que incluye a los aliados del chavismo, para presionar una negociación política real que nos conduzca al rescate de los derechos políticos y ciudadanos. Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo, ni en la lucha ni en la negociación, sería absurdo y loco esperar un resultado distinto al que ya había y que es evidentemente malo. Esta es una realidad como un templo (más allá de las emociones y deseos), que no intenta proyectar sino plantear los retos gigantes del futuro, que deseamos ver superados. Foto: @dieguisimo

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