El papa Francisco viajó a Hiroshima y Nagasaki el domingo para pedir a las potencias mundiales que renuncien a sus arsenales nucleares, declarando que el uso y posesión de bombas atómicas es un crimen “inmoral” y un desperdicio peligroso.

De pie ante sobrevivientes de los bombardeos atómicos estadounidenses de 1945, Francisco denunció la erosión constante de los acuerdos de control de armas y rechazó la doctrina de disuasión de la era de la Guerra Fría que fue avalada por la Iglesia católica durante casi tres décadas.

Bajo la lluvia de Nagasaki y la oscuridad silenciosa de Hiroshima, el pontífice instó a los líderes políticos a aceptar que la verdadera paz y la seguridad internacional no pueden construirse en un clima de desconfianza, sino más bien solidario.

“El uso de la energía atómica para fines bélicos es inmoral”, declaró el papa durante una oración nocturna en el monumento a la paz de Hiroshima. Agregando: “Como lo es la posesión de armas atómicas”.

“Seremos juzgados por esto”, advirtió.

Francisco visitó Hiroshima y Nagasaki durante el primer día completo de un viaje de tres días a Japón con el objetivo de enfatizar su llamado a una prohibición global de las armas atómicas. Nagasaki era el lugar perfecto para comenzar, el lugar de nacimiento del cristianismo en Japón, donde Francisco podía honrar a inocentes muertos en la guerra, así como a misioneros y mártires cristianos asesinados por su fe.

El ambiente allí era sombrío, oscurecido por el aguacero que empapaba los campos en terrazas y los arrozales y los cientos de japoneses que salieron en impermeables de plástico para atestiguar la visita del segundo papa después de San Juan Pablo II en 1981.

La escena fue igualmente moderada en Hiroshima, donde hubo un breve aplauso cuando llegó Francisco. Después de que un gong señaló un momento de silencio y el pontífice encendió una vela de paz, dos sobrevivientes ofrecieron su testimonio sobre la bomba atómica “demoníaca”.

AP.

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