El gobierno boliviano aseguró este domingo que los rivales del presidente Evo Morales quieren “sangre” y “muerte”, al reaccionar al llamado de un influyente líder opositor a los militares a intervenir en la crisis política.

“El que pide la intervención militar está pidiendo sangre, está pidiendo muerte”, declaró el ministro de Gobierno (interior), Carlos Romero, a la red de medios estatales.

“(Los opositores) están buscando muertos que vengan de la Policía y las Fuerzas Armadas”, dijo por su parte Morales, reelegido para un nuevo mandato hace dos semanas en unos comicios cuestionados por la oposición, que denuncia un “fraude”.

En un mitin el sábado, Luis Fernando Camacho, jefe de una poderosa entidad civil de la rica región oriental de Santa Cruz, lanzó un ultimátum a Morales para que renuncie en 48 horas y llamó a los militares a colocarse “al lado del pueblo”.

“(El llamado de Camacho) coincide con información de inteligencia que señala que mañana (lunes) en horas de la noche se estaría preparando una acción violenta y confrontacional hacia la plaza Murillo”, donde está la casa de gobierno en La Paz, dijo Romero.

Morales indicó además, en una entrevista transmitida por medios estatales, que se reunirá con funcionarios y sindicalistas para “planificar” una línea de acción tras los dichos de Camacho, el jefe del derechista Comité Cívico de Santa Cruz.

El ministro Romero afirmó que la estrategia “golpista” opositora tiene tres etapas: la conculcación de garantías constitucionales, la activación de sentimientos racistas y atacar con violencia las instituciones del Estado.

Camacho es el primer político boliviano que llama a la intervención de los militares en esta crisis, un tema sensible en un país que hasta 1982 padeció frecuentes cuartelazos y dictaduras castrenses.

La oposición boliviana demanda la anulación de la votación del 20 de octubre y la convocatoria a nuevas elecciones generales (presidenciales y legislativas). AFP

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