El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se dio un baño de masas este sábado en el tradicional desfile del Día de la Independencia, que encabezó por primera vez en su condición de jefe de Estado, para intentar recuperar parte de la popularidad perdida en sus ocho meses de Gobierno.

El líder ultraderechista, capitán de la reserva del Ejército, organizó un desfile militar sin precedentes en Brasilia, con lugares para un público récord, mayoritariamente seguidores, y al que invitó a numerosos y conocidos líderes políticos, religiosos y empresariales del país.

El jefe de Estado no se limitó a presenciar desde la tarima presidencial el paso de los soldados y de los equipos militares sino que quiso compartir el protagonismo, y desfiló en un automóvil convertible y, contra todos los protocolos, abandonó su lugar para acercarse al público y ser ovacionado.

El gobernante, usando la banda presidencial, saludó a los asistentes como si aún estuviera en campaña electoral.

Su notado esfuerzo para ganarse el apoyo popular se produjo sólo cinco días después de que una encuesta mostrara que el porcentaje de brasileños que evalúa negativamente su Gobierno saltó desde el 33 % en julio hasta el 38% en agosto, la mayor tasa de rechazo hasta ahora registrada por un presidente en Brasil en tan poco tiempo.

La aprobación del polémico dirigente, que ganó las elecciones de octubre pasado con el 55,13% de los votos, cayó desde el 33% hasta el 29% en solo un mes.

El descontento aumentó con la multiplicación este año de los incendios forestales en la Amazonía, un fenómeno que ecologistas en Brasil y líderes mundiales atribuyen a la retórica antiambientalista del ultraderechista, y al histórico de polémicas que viene acumulando desde que asumió el mandato el 1 de enero.

Bolsonaro también intentó aprovechar el Día de la Independencia para reforzar un discurso nacionalista con el que intenta hacer frente a las críticas que viene recibiendo por su cuestionada política ambiental y por las llamas que destruyen la Amazonía.

Según el mandatario brasileño, tales críticas son alimentadas por potencias extranjeras que cuestionan la soberanía de Brasil sobre la Amazonía y quieren apropiarse de las riquezas de la mayor selva tropical del mundo.

La moral del presidente se mide por la forma como el público lo recibe y no por encuestas fabricadas”, aseguró en un mensaje en Twitter el diputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del mandatario, al destacar el apoyo del público en el desfile y recordar que los sondeos siempre le fueron contrarios.

Para preparar un desfile a la altura del deseado por Bolsonaro, el Gobierno elevó en un 19% sus gastos en la organización con respecto al año pasado, hasta 971.500 reales (unos 242.875 dólares).

El desfile, como es tradición, fue realizado en la Explanada de los Ministerios, la ancha avenida de Brasilia sobre la que están ubicadas las principales edificaciones públicas del país, pero en esta ocasión contó con tarimas adicionales para el público, con la expectativa de reunir a unas 4.000 personas.

En la tarima presidencial el líder ultraderechista contó con la compañía de todos los miembros de su Gabinete y de numerosos invitados especiales, entre ellos el presentador de televisión Silvio Santos, uno de los más populares del país, y el pastor Edir Macedo, fundador y máximo líder de una populosa iglesia evangélica.

Pero a sólo dos kilómetros de la tarima presidencial, cientos de estudiantes protagonizaron en Brasilia un acto de protesta contra las políticas educativas y ambientales de Bolsonaro.

Los estudiantes se sumaron este año en varias ciudades al tradicional “Grito de los Excluidos”, una movilización liderada hace 25 años por grupos religiosos y sindicales que todos los 7 de septiembre, tras los tradicionales desfiles militares, deja clara su insatisfacción con la situación del país.

Los estudiantes vistieron de negro para mostrar su oposición a Bolsonaro luego de que el gobernante instara a los brasileños a vestir de amarillo y verde, los colores de la bandera nacional, para mostrar su nacionalismo en el festivo patrio.

“Hoy el negro es una respuesta a Bolsonaro, que llamó al pueblo brasileño a vestir de verde y amarillo para defender la Amazonía. Pero eso es burla con el pueblo porque él es responsable por la destrucción de la Amazonía, por la destrucción de la educación y por la destrucción de las universidades“, dijo a Efe Iago Montalvao, presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes en Sao Paulo. EFE

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