La ciudad colombiana de Cúcuta mantuvo este jueves inalterada su rutina comercial y de puerta de entrada de inmigrantes venezolanos que ven con preocupación los ejercicios militares y el despliegue de un sistema de misiles en la frontera anunciado por el presidente Nicolás Maduro.

En esta ciudad de más de 700.000 habitantes, muchos de ellos venezolanos que llegan a diario para escapar de la crisis en su país, los recientes anuncios de Maduro no dejan de inquietar, pero al mismo tiempo otros dicen estar acostumbrados a las amenazas del gobernante.

Hay quienes los ven como una “bravuconada” más de Maduro, como calificó hoy el presidente colombiano, Iván Duque, el anuncio de que desplegará un sistema de misiles antiaéreos en la frontera del 10 al 28 de este mes, y de paso le aconsejó preocuparse más bien por “darle comida” al pueblo de Venezuela.

Sin embargo, hay quienes temen que una mayor actividad militar del lado venezolano les impida seguir pasando la frontera para suplir sus necesidades básicas en Cúcuta.

“Por supuesto que si Maduro pone el Ejército va a afectar porque podría haber un conflicto en pleno paso fronterizo y eso va a afectar a todos los venezolanos que vamos a pie“, dijo a Efe Percy Bol, un comerciante venezolano de 33 años, que hace fila en el centro de la ciudad para retirar dinero que familiares le enviaron del extranjero.

Hasta para recibir remesas los venezolanos tienen que ir a Cúcuta porque en su país, con una economía en ruinas, no hay dinero suficiente para convertir en bolívares unos cuantos dólares.

Bol teme que las acciones militares de Maduro puedan ocasionar una guerra con Colombia, lo que considera un sinsentido no solo por la tragedia que eso supone sino porque cerraría el paso hacia Cúcuta, que para millones de venezolanos es la única puerta que les ha dejado abierta la esperanza.

“La medida que va a tomar Maduro de poner el Ejército en la frontera es como iniciar o incentivar a una problemática más fuerte con Colombia, como una guerra que realmente no podemos tener con nuestros hermanos colombianos”, añade.

El comerciante, que ya sabe lo que es tener que recurrir a los pasos ilegales para moverse entre ambos países cuando la frontera se encuentra cerrada, no duda de que en caso de un conflicto los que más sufrirán son los inmigrantes que llegan a Cúcuta.

“Nos están dando el apoyo y nos están ayudando incondicionalmente para que los venezolanos podamos pasar a comprar mercancía, comprar comida, porque realmente Cúcuta es la que nos está sosteniendo”, afirma.

Es jueves y el centro de la ciudad se encuentra como cualquier otro día, atestado de venezolanos que en su mayoría llegan por el puente Simón Bolívar, que conecta con la ciudad venezolana de San Antonio del Táchira.

Bajo el sofocante sol y entre la multitud cargada de maletas y bultos llega Tibisay Baptista, oriunda de Barquisimeto, en el estado Lara, pero ahora residente en San Antonio para poder estar más cerca de Cúcuta a donde pasa a diario para ganarse la vida.

La mujer de 46 años que cruza el puente como cada mañana, considera que Colombia es un “salvavidas” que le ayuda a sobrellevar la difícil situación en su país, y por eso le parece absurdo que el régimen de Maduro vea a Colombia como una amenaza.

“Para mí ha sido un auxilio porque tengo cinco hijos estudiando (…) Yo todos los días me esfuerzo un poquito más y siempre me alcanza”, dijo a Efe.

Con los diferentes trabajos que hace en Cúcuta, Baptista mantiene a sus hijos y así evita que abandonen sus estudios y se dediquen a la mendicidad como muchos de sus compatriotas en toda Colombia.

Al igual que ella, son muchos los venezolanos que temen por las decisiones que tome Maduro, pero como no tienen más opción que esperar a que nada malo suceda se resignan.

Colombia y Venezuela que no tienen relaciones diplomáticas desde febrero pasado, comparten 2.219 kilómetros de frontera, escenario de constantes tensiones que nunca han llegado al enfrentamiento militar, extremo que según Maduro puede ocurrir por la supuesta intención de Colombia de crear un conflicto, algo que sus propios compatriotas confían en que no pase de otra de sus “bravuconadas”. EFE

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