Hace tres años los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolano decidieron lanzar el programa social la “Olla Solidaria” para alimentar a los ciudadanos sumidos en la pobreza producto de la situación que se vive en el país.

Carlos Gerome, un hombre sin dentadura con edad indefinida que se ve maltratado por la crisis, asegura que vive en Chacao bajo un puente: “Vengo aquí porque no quiero seguir comiendo de la basura”.

El hombre llegó a Caracas procedente de la Isla de Margarita, sin embargo, por la crisis se quedó sin trabajo y ahora deambula como alma en pena sin dinero para regresar a su isla donde podía pescar y no se moría de hambre sacando una sola sardina al día, reseñó el diario ABC.

Ana Acevedo, una mujer de 62 años que vive en Antímano, aseguró entre lágrimas que “es la primera vez que vengo a este comedor. Vivo con mi hijo, la nuera y los nietos en una casita. Soy lavandera y de eso vivimos pero lo que ganamos lavando ropa no nos alcanza ni para comer. Nunca he visto tanta miseria en los últimos 29 años que vivo en el barrio. El próximo sábado voy a traer a mis nietos a comer en la iglesia Chiquinquirá”.

Sin embargo, en la Iglesia Chiquinquirá decidieron ir más allá y bautizar su jornada como la “Olla Milagrosa” en honor a San Isidro Labrador, entre 80 y 100 voluntarios se reparten la tarea de preparar y servir unos 850 platos de comida a los necesitados, que vienen desde los alrededores de Caracas, los Valles del Tuy, Higuerote y de los barrios más pobres de la capital.

“Empezamos a preparar la comida, cortar las verduras y hortalizas el viernes por la tarde, la refrigeramos y el sábado amanecemos cocinando. Nos ayudan algunos chef de restaurantes y tenemos la donación de pan de las panaderías amigas”, manifestaron Elsy Da Costa y Alcira de Hopkins, son dos de las voluntarias que coordinan la logística del comedor católico.

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