El socialista Pedro Sánchez recibió este jueves el encargo del rey de España de formar un nuevo ejecutivo tras su victoria electoral, pero deberá negociar con numerosas fuerzas políticas para ser revalidado como presidente del gobierno.

El rey Felipe VI decidió “proponer a Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del gobierno”, anunció la presidenta del Congreso de los Diputados, la socialista Meritxell Batet, ante periodistas.

Momentos después, Sánchez confirmó en rueda de prensa su “voluntad de aceptar el encargo”, luego de reunirse con el monarca, quien desde el miércoles recibió en el palacio real a los jefes de las fuerzas políticas de la Cámara Baja.

La investidura del socialista para un mandato de cuatro años, que debería producirse a principios de julio, se da por descontada, toda vez que ningún rival cuenta con los votos suficientes en la cámara para aspirar al cargo.

“No hay otra alternativa posible”, remarcó Sánchez, afirmando que su compromiso es “construir grandes consensos, dialogando con todos, (…) en estos cuatro años si cuento con la confianza de la cámara”.

A su derecha, los conservadores del Partido Popular (PP), los liberales de Ciudadanos y la extrema derecha de Vox se han resignado a estar en la oposición, aunque prometiendo desde allí complicarle la vida.

Sánchez “se beneficia de que tiene una oposición muy fragmentada frente a él, que no puede articular una mayoría de gobierno diferente”, explicó a la AFP Pablo Simón, politólogo de la Universidad Carlos III de Madrid.

Llegado al poder en junio de 2018 gracias a una moción de censura que desalojó del poder a su antecesor, Mariano Rajoy del PP, Sánchez necesita una mayoría absoluta de 176 apoyos sobre 350 en el voto de investidura.

Si no tiene éxito, al jefe socialista de 47 años le bastará tener más síes que noes en una segunda votación dos días más tarde.

Negociar a 17 bandas

Vencedor de las legislativas del 28 de abril con 123 diputados, el Partido Socialista (PSOE) tendrá que negociar con otras fuerzas políticas en un contexto muy fraccionado: 17 partidos están representados en la cámara.

La coalición de izquierda radical Unidas Podemos, con 42 diputados, está dispuesta a darle sus votos pero a cambio de entrar en el gobierno.

Sería lo más sensato que en España hubiera un gobierno de coalición progresista (…) que garantice la estabilidad política en los próximos cuatro años”, afirmó su dirigente Pablo Iglesias ante periodistas.

El PSOE se muestra reticente, prefiriendo un gobierno minoritario que busque apoyos caso por caso.

De todas maneras, para obtener la investidura en segunda votación Sánchez necesita el apoyo de Podemos y de varios partidos regionalistas, aunque intentará evitar el de los separatistas catalanes y vascos, que puede granjearle acusaciones de liquidar la unidad de España.

“La fragmentación hace que el gobierno vaya a tener que pelear cada apoyo”, comenta Pablo Simón.

Y dos semanas después de celebrarse elecciones municipales y regionales, ya están en marcha las negociaciones para formar gobiernos en las regiones que podrían condicionar los apoyos en la Cámara Baja.

Un mandato complicado

Una vez superada la investidura, los problemas para Pedro Sánchez no habrán terminado: tendrá que esforzarse para conseguir los votos para cada ley, incluida la de los presupuestos 2019 aún en el aire, mientras el espinoso asunto del independentismo catalán promete envenenar su mandato de cuatro años.

Las posibles condenas en otoño contra doce dirigentes independentistas juzgados en el Tribunal Supremo por la fracasada secesión de España en octubre de 2017 podrían endurecer aún más la posición de los separatistas catalanes que obtuvieron 22 diputados.

Cuatro de ellos, en prisión provisional mientras dura el juicio, fueron suspendidos en sus funciones por la mesa de la cámara.

Desde que comenzó el proceso, los separatistas que gobiernan Cataluña multiplican sus gestos de desafío frente a los socialistas: precipitaron la convocatoria de elecciones anticipadas cuando hicieron caer los presupuestos del Estado y a mediados de mayo bloquearon la elección en la presidencia del Senado de un catalán cercano a Sánchez.

“El clima es difícil, porque el juicio está distorsionándolo todo”, estima Pablo Simón. AFP

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