Las horas previas al 23 de febrero el país entero se mantenía expectante sobre el ingreso de la ayuda humanitaria al país. Mientras que el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, apostaba por lograr su cometido, Nicolás Maduro arremetía con impedirlo con el cierre de todos los accesos a la nación.

Fue un día antes cuando un convoy de vehículos militares se dirigió a la aldea indígena de Kumarakapay, camino hacia la frontera con Brasil.

Prevenidos sobre la venida de los militares, miembros de la comunidad pemón con autonomía garantizada constitucionalmente sobre ese territorio, incluido el camino hacia el vecino país, se dispusieron a velar porque el paso se mantuviera abierto para el ingreso de los insumos, ordenándoles a los vehículos militares a retornar.

Sin embargo, el convoy avanzó rápidamente y los integrantes de la tribu solo lograron detener al último jeep, donde viajaban cuatro oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes aseguraron estar trabajando en un proyecto minero, según reseñó Reuters.

No creyendo esta afirmación, los aldeanos asumieron que el verdadero propósito era el cierre de la frontera y sacaron a los efectivos del vehículo, tomaron sus armas y los retuvieron.

Los autos restantes que lograron avanzar se detuvieron y acercaron con sus armas en mano. Se produjo un enfrentamiento entre ambos bandos, en el que los soldados comenzaron a disparar en dirección a la aldea mientras corrían hacia sus vehículos.

El tiroteo dejó un saldo de múltiples heridos y tres muertos.

Detenciones y rehenes

De acuerdo con la información recopilada por Reuters a través de varios testigos, al enterarse de las muertes un grupo de residentes golpeó a los cuatro funcionarios de la GNB, mientras que otros 10 pemones de la aldea de Maurak detuvieron a 42 miembros más de la guardia en el aeropuerto de Santa Elena de Uairén.

Trasladaron a los efectivos hasta al borde de la selva y allí obligaron a varios de ellos a sentarse semi desnudos encima de hormigueros.

Se pudo conocer además que algunos pemones se opusieron a su detención y al uso de la violencia.

Como repercusión por el hecho, las autoridades detuvieron a 23 miembros de la tribu pemón, que tras su liberación relataron haber sido igualmente golpeados.

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