El cantante venezolano Ricardo Montaner señaló este viernes que “la única manera de que Venezuela se salve de esta hecatombe en la que está entrando es con la ayuda, definitivamente, de militares internacionales”.

“Creo que ya es hora de dejar de hablar y de cumplir con los venezolanos. Toda la comunidad internacional, que si bien apoya moralmente con ayuda de comida y de medicinas, ahora se tiene que poner pilas y tiene que tomar un rol mucho más protagónico”, comentó durante una entrevista ofrecida a Infobae.

Asimismo, indicó que la participación del Papa Francisco como la cabeza de la Iglesia Católica en el mundo entero debió haber sido desde un comienzo mucho más firme y mucho más apegada a los dolores del pueblo.

“Reconozco que muchas veces, porque él es un jefe de Estado, se protege de no intervenir, pero él no es el jefe de un Estado común y corriente, él es el jefe del Estado de la Iglesia, y la Iglesia tiene que estar ahí. (…) pero a mí me hubiera encantado que un día se tomara el avión de manera imprevista y llegara a Venezuela a abrazar a los pobres de allá. A abrazar sin previo aviso. Él tiene inmunidad, puede entrar como cualquier otro presidente, podría haber llegado allá aunque sea dos horas a abrazar a la gente que está sufriendo y a constatar con ojos propios la desgracia en la que el pueblo venezolano está sumergido”, manifestó.

A continuación parte de la entrevista al artista al medio argentino:

  • ¿Cómo viviste el tema de la Operación Libertad en Venezuela?

Lo que pasó siento que es un capítulo, uno más de esta lucha que ya lleva muchos años. Un capítulo en donde le parece a la gente que no se ha avanzado, pero sí se ha avanzado. Parecerá una ilusión óptica ver a Leopoldo López parado en una autopista después de casi 6 años de estar preso, a la gente puede parecerle una fantasía, pero no lo es. Ahora está refugiado, “entre comillas”, porque sabe que su vida y su integridad corren peligro. Pero está en Caracas, está en Venezuela. Y el presidente Guaidó está haciendo todo lo que tiene que hacer.

  • ¿Qué sientes ante la situación de Venezuela hoy?

Creo que ya es hora de dejar de hablar y de cumplir con los venezolanos. Toda la comunidad internacional, que si bien apoya moralmente con ayuda de comida y de medicinas, ahora se tiene que poner pilas y tiene que tomar un rol mucho más protagónico. La única manera de que Venezuela se salve de esta hecatombe en la que está entrando es con la ayuda, definitivamente, internacional, con la ayuda de militares internacionales.

  • ¿Sientes que todos los países del mundo están apoyando lo suficiente a Guaidó?

Hay más de cincuenta países que reconocen a Guaidó como el presidente constitucional encargado. En todo caso, ese apoyo moral tiene que, ahora, pasar a los hechos. El otro día escuché a un señor que dijo que debería, por ejemplo, entre otras cosas, la Asamblea Nacional decretar la anulación de todos los pasaportes venezolanos del planeta. Anular esos pasaportes que son del antiguo gobierno. Hoy hay muchos venezolanos que están sin papeles, a mi esposa se le vence en cuatro meses su pasaporte.

  • ¿Y que van hacer cuando pasen esos cuatro meses?

Estamos tratando de hacer mil cosas, una de ellas es que se va a nacionalizar argentina, porque yo le doy mi nacionalidad. Pero los venezolanos están desamparados en todo el mundo.

  • Ante esta realidad, ¿cuál piensas que sería una posible solución?

Anular los pasaportes actuales y decretar[los] con el nuevo personal que va a haber en las embajadas y en los consulados de Venezuela, que son de la nueva administración del presidente interino, la autorización de un pasaporte. Estoy seguro de que todos los países lo van a aplaudir y la gente va poder trasladarse a todos lados.

  • ¿Crees que el Papa debiera haber intervenido con un poco más de vehemencia ante la realidad de Venezuela?

Yo no creo en la tibieza. La tibieza es algo doloroso, es como no estar. Es como que no te doliera del todo. Siento que la participación del papa Francisco como la cabeza de la Iglesia católica en el mundo entero debió haber sido desde un comienzo mucho más firme y mucho más apegada a los dolores del pueblo. Reconozco que muchas veces, porque él es un jefe de Estado, se protege de no intervenir, pero él no es el jefe de un Estado común y corriente, él es el jefe del Estado de la Iglesia, y la Iglesia tiene que estar ahí.

Cuando él fue elegido papa, me alegré mucho, pues porque tenemos las mismas raíces, nacimos en el mismo país, y lo aplaudí tanto y me emocioné tanto cuando lo vi ya abrir la ventana y asomarse ahí en el Vaticano. Me emocioné porque es un papa latinoamericano. Me gustaba que usara los mismos zapatos de antes. Pero a mí me hubiera encantado que un día se tomara el avión de manera imprevista y llegara a Venezuela a abrazar a los pobres de allá. A abrazar sin previo aviso.

Él tiene inmunidad, puede entrar como cualquier otro presidente, podría haber llegado allá aunque sea dos horas a abrazar a la gente que está sufriendo y a constatar con ojos propios la desgracia en la que el pueblo venezolano está sumergido.

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