Juan Guaidó cumplió tres meses desde que se juramentó presidente interino de Venezuela, y aseguró que el reto es mantener la movilización y la esperanza de los venezolanos.

“Los procesos en Venezuela han sido aluvionales. De altísima participación y movilización en momentos importantes. El reto es mantener la movilización y la esperanza. El régimen ha llegado a un nivel de desesperación en el que sólo resiste. Por eso, persigue periodistas, sindicalistas y a cualquiera. El reto es salir de esta zona gris inédita: un presidente encargado en disputa por ejercer las funciones del ejecutivo, que busca superar la crisis, mientras hay una dictadura en ejercicio, con todos los poderes secuestrados y que usa las armas de la república para defenderse”, dijo.

Durante una entrevista ofrecida al periodista Luis Carlos Díaz para la revista GQ México, indicó que “el régimen saliva con detenerme (…) esto es más que persecución. Aquí ya nadie es inocente, somos culpables por querer un cambio en Venezuela”.

“Siempre es un riesgo la libertad o la vida. Han existido amenazas directas de muerte y persecución. Pero no temo. La verdad es que es un riesgo que asumimos y sobrellevamos”, aseguró.

A continuación parte de la entrevista ofrecida a GQ México:

GQ MÉXICO

  • GQ- Fuera del país, me preguntan quién eres. Vienes de un partido cuyo líder, Leopoldo López, está preso, desde 2014, mientras otros están en el exilio o como el caso del diputado Freddy Guevara, asilado en la embajada de Chile desde 2017. Ahora estás al frente. ¿Cómo haces para liderar sin estar preso también de esos líderes y sus agendas personales?

JG- Lo primero es la conciencia de la necesidad de gobernabilidad para ejercer mandato y brindar estabilidad a Venezuela para reinstitucionalizar. Por eso, no estamos subyugados, sino en una “sociedad política”. Eso lo aprendí en el Parlamento donde debía generar consensos. Fui presidente de una comisión, jefe de fracción del partido y luego de la unidad. Pensarán que un día aparecí, aunque en realidad siempre estuve ahí. No era el que daba el discurso, pero organizaba y formaba. Ahora articulamos la fuerza política necesaria para generar cambios y quiebres. Antes nos enfrentábamos a un muro levantado con petróleo, narcotráfico, grupos armados y persecución.

  • GQ- Van más de tres meses de la consigna “vamos bien” y los quiebres del chavismo no dependen de ti. ¿Cómo mantienes la iniciativa?

JG- Los procesos en Venezuela han sido aluvionales. De altísima participación y movilización en momentos importantes. El reto es mantener la movilización y la esperanza. El régimen ha llegado a un nivel de desesperación en el que sólo resiste. Por eso, persigue periodistas, sindicalistas y a cualquiera. El reto es salir de esta zona gris inédita: un presidente encargado en disputa por ejercer las funciones del ejecutivo, que busca superar la crisis, mientras hay una dictadura en ejercicio, con todos los poderes secuestrados y que usa las armas de la república para defenderse.

  • GQ- La transición no empieza, pero tampoco la dictadura termina. ¿Qué haces para lograr esa fractura?

JG- Cuando definimos la estrategia, pensamos que era lineal, aunque no lo ha sido. Es una transición sui generis en la que tomamos control de algunos bienes de la nación en el exterior, nombramos a representantes diplomáticos y preparamos un Plan País para atender la emergencia, pero también debemos luchar para que cese la usurpación de Maduro. El cambio depende de su salida. Si evaluamos las variables para construir esa transición, que es construcción de una mayoría, su ejercicio, la ruptura de la coalición dominante y el apoyo internacional, pareciera que lo tenemos todo. Pero hay que insistir en este camino que depende también de las Fuerzas Armadas. Podemos tener una elección acordada, una transición sui generis como la junta cívico-militar de 1958 que derivó en la democracia o a una salida de fuerza local o con ayuda internacional. Eso puede ser un golpe de estado o la presión de una coalición internacional. Todas debemos evaluarlas y debemos controlar las variables, incluida la presión de la calle. Lo más importante es que se vea hacia el futuro que podemos gobernar.

  • GQ- ¿Y qué aprendiste de los líderes opositores que antes que tú, ya trabajaban contra el chavismo?

JG- Una vez me dijeron que el régimen era como un trapiche, una molienda de políticos. A ellos les tocó una época muy difícil, de alta popularidad del gobernante, con un gasto público exacerbado. Nunca antes visto en América Latina. Era el tío millonario que llegaba con petróleo y maletines, misiones de asistencialismo descomunal, y no era fácil enfrentarse a eso. Rescato que los valores democráticos se conservaron. Por eso, le ganamos a Chávez en 2007. Fue increíble hacerlo con todo en contra. Claro, después se cometieron errores como no tener agendas comunes. Pero esa curva de aprendizaje la pagamos en conjunto.

  • GQ- Debes hacer tu trabajo en un país con menos medios. ¿Cómo lo planteas?

JG- No es un problema nuevo. Sin embargo, como venimos de una tradición caudillista, hay que aprender nuevas formas de comunicación, como diversificar vocerías. Las redes sociales han sido nuestro medio principal. Allí hemos visto la multiplicación de bots y campañas en contra. Nos bloquean también servicios de telefonía. Hemos vuelto a cosas como los volantes, pero al mismo tiempo alimentamos WhatsApp, que ha sido fundamental. Enfrentamos también noticias falsas porque son fáciles de propagar al no haber información oficial ni posibilidad de contrastar. Además, ocurre en un entorno que para la gente es de alta incertidumbre y ansiedad. Eso ocurre ante un régimen que pareciera inamovible, pero que no lo es. Apenas está en resistencia, atrincherado. Ellos lo dicen. No lo ocultan.

  • GQ- Pocos sabían que te ibas a juramentar frente a la multitud como presidente encargado el pasado 23 de enero. Y si alguien lo sabía, lo supo disimular muy bien. ¿Puedes narrarnos, desde tu perspectiva, qué pasó allí?

JG- Desde el 5 de enero, dijimos que había una posibilidad constitucional de llenar el vacío en la presidencia. Es como la fábula del que le toca “reclamar el trono”. Es una situación similar: un presidente encargado que reclama el ejercicio pleno de las facultades del ejecutivo para solucionar los problemas de los venezolanos. Podemos reclamarlo constitucionalmente, pero por la vía de los hechos; es un tema de crisis política que hay que enfrentar y luchar. Debemos construir esa capacidad, primero con la protesta ciudadana y después con el anhelo de cambio.

  • GQ- A Roberto Marrero, tu jefe de despacho, lo detuvieron y encarcelaron acusado de terrorismo. No obstante, no has dejado tu gira de lado. ¿Cómo lo manejas?

JG- Es un ataque directo a mí. El régimen saliva con detenerme. No sé si cuando salga esta edición estaré preso también. Ahora mi hermano también está perseguido y solicitado. Lo acusan de ayudarme. También encarcelaron al abogado y consultor jurídico petrolero Juan Antonio Planchart, quien investigó para nosotros la identificación de fondos del chavismo en el exterior, producto de la corrupción. Esto es más que persecución. Aquí ya nadie es inocente, somos culpables por querer un cambio en Venezuela.

  • GQ- ¿Qué haces para enfrentarlo?

JG- Lo manejamos como hemos hecho desde hace años. En 2014, quedé encargado del partido cuando apresaron a Leopoldo López y había una orden de captura contra Carlos Vecchio, quien hoy es embajador encargado ante Estados Unidos. En ese momento, los que quedamos nos amoldamos. La sede del partido fue allanada tres veces. Yo fui apuntado en el rostro por los cuerpos de seguridad. Si algo he sacado de mi proceso de vida es que soy un sobreviviente, y no queremos ser víctimas, sino que queremos seguir. Sobrevivir y trascender a vivir dignamente. No es fácil porque, al igual que todos, no tengo electricidad o agua en estos momentos. No es populista decirlo, lo comparto: tengo que resolver también los tratamientos médicos por el cáncer que sufre mi madre y la alimentación de mi hija. Como todos.

  • GQ- ¿Cómo vas a afrontar problemas clave como la pobreza o la hiperinflación?

JG- No es mi estructuración, sino la de un gran equipo que hemos denominado Plan País y que está dividido en 10 áreas, desde la energética hasta la económica. La situación es tan crítica, que añoramos una inflación de 3 dígitos, cuando en este momento estamos sobre 3.000.000% anualizada y podríamos terminar el año con una hiperinflación de 8 dígitos. Ya no hay agujeros en el cinturón para aplicar medidas. No puedes apretar más al venezolano. Por eso, hablamos de ayuda humanitaria para contener la crisis mientras se resuelve el problema estructural de recuperar la productividad.

  • GQ- ¿Por qué le pides un quiebre a los militares cuando parece que siguen apoyando a Nicolás Maduro? ¿Hay algo que no sepamos?

JG- También (risas). Pero la única posibilidad de una transición pacífica es esa. Si no, sería una salida de fuerza muy compleja para nosotros, los venezolanos. Tenemos que agotar lo más posible esa alternativa. ¿Hasta cuándo podemos aguantar para saber si contamos con ellos o no? Existe información, tenemos comunicación y también hay miedo porque para ellos, ha habido persecución y torturas. No gratis; hoy ya hay más de 160 oficiales presos. El Alto Mando lo que tiene son compromisos con ellos mismos. Siento, y es mi percepción, que lo que no quieren es dar el paso y así prescindir de sus privilegios.

  • GQ- Tu imagen ha sido importante. Muchos líderes políticos se disfrazaron de deportistas. ¿Por qué escogiste el traje como vestimenta cotidiana si, además, eres el más joven de todos?

JG- Hablando de la imagen, hay símbolos importantes. Como político, tú representas a una ciudadanía. ¡Ojo! Vengo de la costa Caribe de La Guaira. Me encanta andar descalzo, era divertido cuando podía hacerlo. Pero el respeto a los electores es importante. Los símbolos del poder tienen peso cuando los llevas y los representas. Hoy, alguien usurpa la banda presidencial y eso no lo hace presidente. Debemos representar a la ciudadanía dignamente. Hay quien cree que las formas son distancia y en realidad son respeto. Durante mucho tiempo, nos pareció simpático que un presidente rompiera el protocolo porque eso lo hacía ver más cercano. Pero es mentira. No genera más empatía transgredir el espacio de los demás y la forma establecida. Es muy importante en política y en la vida guardar la forma y el fondo.

  • GQ- ¿Temes por tu vida o la de tu familia?

JQ- Siempre es un riesgo la libertad o la vida. Han existido amenazas directas de muerte y persecución. Pero no temo. La verdad es que es un riesgo que asumimos y sobrellevamos.

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