Un oficial de seguridad venezolano que permaneció recluido en los sótanos de la Dirección de Contra Inteligencia Militar (DGCIM) hasta hace unos meses, relató como son las tortura en el recinto en donde solo se encuentran recluidos los oficiales considerados de mayor riesgo políticos y militar para el Gobierno de Nicolás Maduro.

En este sentido, el alto oficial quien pidió mantener su nombre en anonimato por miedo a represalias, aseguró que durante los 45 días que estuvo en prisión vio y vivió hechos aterradores.

Uno de los puntos que resaltó con mayor énfasis fue el costo para los familiares de los recluidos, ya que los mismos solo cuentan con un tiempo sumamente limitado en visitas, entre otros problemas a la hora de ingresar al centro penitenciario.

“Solamente tres horas de visita a la semana en el DGIM. Para que tenga una idea, por ejemplo en la cárcel de Ramo Verde el régimen es abierto, tienen hasta cantina, cocinas, la visita se puede recibir en la propia celda, tienen televisores y creo que unos dos o tres días de visita desde la mañana hasta la tarde”, comparó.

La mala comunicación, la distancia y el alojamiento en la capital parecen ser otros factores que afectan las visitas.

“Allí vi gente venir de Margarita con sus hijos pequeños, o de la región andina, personas muy humildes y no poder visitar a su familiar sin que se les haya avisado con tiempo. Es todo muy cruel, mucho más de lo que la propia imaginación puede recrear”, aclaró.

La complejidad y estructura de las celdas forman parte de otro tipo de tortura para los presos de la DGCIM, según palabras de este funcionario, pues incluso realizar sus necesidades fisiológicas puede convertirse en una experiencia lamentable y de alto impacto psicológico.

“No tienen baño y las necesidades, salvo cuando se lo permiten, se hacen en bolsa plástica las sólidas y en potes de plástico las líquidas. Prohibió los libros, inclusive las biblias, prohibió suplementos alimenticios, nada que no fuese agua, quitó el teléfono del pasillo y creó la norma de los tres minutos una vez al día”, contó al diario Infobae.

De forma más específica, el oficial liberado narró la trágica experiencia de unos jóvenes que además de no poder ver a sus familiares, eran privados de acciones tan básicas como bañarse, cepillarse o recrearse de alguna forma.

“Sus condiciones eran peores, ni siquiera se les permitía bañarse sino cada una o dos semanas, con la misma braga y ropa interior por no tener ningún familiar que se las llevase; usaban cuando se les permitía, la pasta y cepillos de dientes que les dábamos. Igual sucedía con el papel higiénico. No tenían ningún tipo de utensilio de higiene y su aspecto y conducta, dadas las severas condiciones, era como en las películas de guerra, que no levantan la cabeza y caminan arrastrando los pies”, explicó.

Oscuridad absoluta, colchonetas podridas para dormir e incluso pasar largar horas atados y sin movilidad, fueron otras de las atroces revelaciones del efectivo, quien confesó que aunque no todos son sometidos a las mismas condiciones, la permanencia dentro del centro puede ser un verdadero calvario.

Comments

Comments are closed.