Cuando tenía 14 años, Horacio Blanco escribió la canción “Políticos paralíticos”, una mordaz crítica a la dirigencia venezolana de la década de los ochenta. Ahora, a los 50 años, el público todavía le pide a gritos que la cante, convertida en un himno de protesta en Venezuela.

Inspirados en grupos británicos como los Specials, pero con una pizca de “fiesta y rabia” al estilo venezolano, Blanco y su banda Desorden Público son el espectáculo de ska-punk más conocido del país.

Con el pelo rizado, chaqueta y pantalón pitillo negros, es quizás uno de los pocos rockeros venezolanos de renombre que no han abandonado sus tierras por la crisis política y económica.

“¿Sabes cuántas bandas de música se han disuelto en este país?… Eso es parte del dolor de lo que está pasando”, dice a la AFP en un antiguo estudio de grabación en el centro de Caracas.

“El ámbito de la música se ha vaciado de talentos. Se ha vaciado también la parte técnica, todos los ingenieros, muchos se han ido, muchos han vendido sus equipos”.

Desafiando los retrasos burocráticos para obtener pasaportes y las dificultades para hacerse con divisas extranjeras para comprar equipos, Desorden Público continúa haciendo giras y grabando.

“Nosotros decidimos que no le íbamos a colocar fecha de caducidad a nuestro proyecto, fuese lo que fuese que nos tocara vivir”, cuenta. “Fuimos endureciendo nuestra piel y hemos aguantado algunas cuantas cosas“.

“En 2017-2018, solo estuve dos meses en Venezuela. Me tocó muchísimo trabajo (de gira) fuera. Pero la verdad es que soy venezolano y la verdad es que yo amo este lugar, y la verdad es que yo quisiera estar aquí, ser de alguna manera protagonista de las cosas que tienen que pasar, obviamente desde mi área que es la música. Siempre retornaremos a casa”, zanja.

Las mismas canciones

En la sala de mezclas, Blanco baila y asiente con la cabeza mientras en una cabina vidriada el percusionista Oscar Alcaíno, de 60 años, sacude una coctelera con arena frente al micrófono.

Vestido con un sombrero y aretes, Oscarello, como se le conoce, maneja todo tipo de instrumentos: tambores de conga, maracas y sonajeros tribales hechos de grandes semillas secas.

Con su set de multipercusión le dará un sabor especial venezolano al sonido ska de Desorden Público.

Junto a varios músicos más jóvenes, estos dos miembros fundadores están grabando nuevas versiones del álbum de 1994 “Canto popular de la vida y muerte”, para una gira por su 25° aniversario que realizarán por toda América.

Desorden Público fue fundado por Blanco cuando era aún liceísta en los 80. Sus canciones fueron grabadas en la década siguiente, en la que la inestabilidad política desembocó en la llegada al poder del comandante Hugo Chávez.

Después de la muerte de Chávez en 2013, el país se sumergió paulatinamente en una crisis socioeconómica y política bajo el gobierno de su sucesor, Nicolás Maduro.

Muchas de las cosas que cantamos hace 25 años tienen absoluta coherencia y vigencia con lo que está ocurriendo“, afirma Blanco.

“Muchos vicios de la sociedad, muchos errores del poder, terminan repitiéndose cíclicamente y las canciones vuelven a cuadrar (encajar)”, añade. “Siguen teniendo mucha coherencia”.

Las canciones viejas son las mejores

El ska se originó en Jamaica en la década de 1950 y más tarde creció en los años ochenta en el Reino Unido de Margaret Thatcher. La tensión de sus ritmos sincopados se fusionó con la ira del punk.

Según Blanco, América Latina fue terreno fértil para el espíritu rebelde del ska.

Yo quisiera que los políticos fueran paralíticos“, cantaba con su voz adolescente. “Evitaríamos que nos robaran y que luego corriendo se largaran”.

Ahora, dice, “es uno de los temas que más nos reclaman en los conciertos”.

Otra de las favoritas es “Tetero de petróleo”, que trata sobre el exceso de confianza de Venezuela en las ganancias del petróleo, a lo que se atribuye en parte la crisis que vive el país en la actualidad.

En Venezuela, con su mezcla de lo que Blanco llama “fiesta y rabia”, el ska fue una forma para Desorden Público de denunciar la corrupción y el abuso de poder.

“Desorden es una pequeñita muestra de la idiosincrasia venezolana”, dice Blanco.

“De verdad somos muy fiesteros… pero eso no nos desconecta de los temas más duros que nos toca afrontar como la realidad, y de ahí lo rabioso”. AFP

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