Debido al cierre de fronteras entre Venezuela y Colombia, miles de ciudadanos han optado por recorrer las llamadas “trochas ilegales” en un intento por mantener sus rutinas de vida, de cara a la constante convivencia de ambas naciones.

Con bolsos y maletas en el hombro, jóvenes, adultos e incluso niños, transitan los peligrosos caminos alternativos sin la necesidad de presentar algún documento de identificación, ya sea para buscar alimentos, medicinas o incluso mantener sus estudios iniciados en la ciudad de Cúcuta.

“Deberíamos estar pasando por el puente normal. Como ciudadanos, como merecemos, pero esa no es la realidad”, lamentó una caminante entrevistada por DW.

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