“Entraron en mi casa con armas. Estaban mi suegra, mis hijos y mi esposa. Dijeron que si yo seguía haciendo labor social, trabajo en la oposición, iba a pasar algo. Sabían dónde vivía. Era el primer aviso. El siguiente iba a ser matarme a mí o a alguien de mi familia”, explica Ángel Romero al periódico catalán Diari de Tarragona.

Como muchos otros en su situación, este venezolano de 37 años que llegó a Catalunya tras solicitar protección internacional. Más tarde pudo traer a su familia, después de meses de recibir llamadas amenazantes de los colectivos, según denuncia en la entrevista.

Ángel Romero era empresario, pero asegura que el Gobierno “expropió su empresa y a partir de ahí se dedicó a amedrentar a los trabajadores”. Ante tanta presión, renunció a su puesto y cambió de trabajo, “pero nada de eso sirvió”, explica el artículo, así que siguieron el consejo de unos familiares y empezaron los trámites para exiliarse en España.

Aunque asegura que tanto su familia como él se han adaptado bien a la nueva ciudad, Romero reconoce que “extrañamos a nuestra nación. Es nuestro corazón que se desprende, es como un proceso de duelo. No sabemos cuándo volveremos a ver a nuestros familiares o si los vamos a ver vivos de nuevo.

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