Pasen que tenemos a las mejores venecas”, así promocionan los bares del centro de Cúcuta en Colombia a las venezolanas que han decidido vender sus cuerpos para poder sobrevivir.

En los últimos años, la migración de venezolanos se ha multiplicado debido a la crisis social, económica y política que atraviesa el país, muchos ciudadanos han tenido que enfrentar cosas que nunca pensaron hacer para enfrentar los efectos de la crisis.

Tal es el caso de Carolina, una joven de 21 años, oriunda de Maracay. Era estudiante de enfermería, pero hace seis meses la vida le cambio, cuando tuvo que decidir entre “estudiar o llevar algo de comer a casa”.

“Estaba estudiando enfermería, pero llegó un momento que tenía que decidir entre estudiar o llevar algo de comer a casa. Mi bebé se vio muy grave de una enfermedad estomacal. Fue desesperante llevarlo al Hospital Central de Maracay, donde no había antibióticos para curarlo. No se imagina la impotencia”, reseña ABC.

No es fácil cambiar de vida por esto. Lo pensé muchas veces, pero me tocó“, recuerda.

La joven venezolana expresó que por un rato cobra 35.000 pesos colombianos equivalente a unos 12 dólares. De ellos, 7.000 van para el pago de la habitación del hotel.

“A veces a uno le sale un buen cliente y te paga hasta 300.000 pesos, y con eso ya resuelvo el alquiler de la casa donde vivo en un día”, comentó.

Desde que ejerce la prostitución, Carolina envía a su familia en Venezuela 65.000 pesos semanales. El dinero mensual que envía supone, a fecha de hoy, más de 16 salarios mínimos en su país.

El éxodo masivo ha cambiado el escenario de la prostitución en Colombia. El turismo sexual en Cúcuta era el oasis para los venezolanos en la época de bonanza económica petrolera en Venezuela. Ahora en los bares no se ven colombianas, a excepción de las dueñas del comercio.

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