De la “Revolución bonita” de la que hablaba el presidente fallecido Hugo Chávez, ya no queda nada. Hoy el país con la mayor reserva de petróleo en el mundo se asemeja a un paciente ingresado en la unidad de cuidado intensivos, con pronósticos muy crítico.

“Un día falla un órgano, otro día es una bacteria hospitalaria la que arremete contra el enfermo. Al siguiente, se corta el suministro eléctrico o no llega el agua a ninguna planta del hospital. También escasea la comida para el enfermo”, revela un artículo de El Mundo.

Mientras la revolución indica que todo marcha bien y se niega a recibir ayuda humanitaria. En Venezuela cada día la crisis se cobra una vida: 80% pacientes oncológicos sufren escasez de quimioterapia, 95% de los pacientes con Parkinson y Alzheirme sufren el desabastecimiento de los medicamentos, en un 72% escasean los antibióticos y los remedios para la hipertensión y diabetes.

A las infraestructuras, no les va mejor: 62% de los quirófanos no operativos, 90% tomógrafos, resonadores y rayos X no sirven y el 95% de servicios laboratorios están cerrados o funcionan de forma intermitente. En el 68% de los hospitales no sirven comida.

“El diagnóstico es de terapia intensiva, la situación del sistema de salud es catastrófica. Pero lo más duro es que detrás de estas cifras están las vidas de muchas personas”, dijo el diputado en el exilio José Manuel Olivares.

Las redes sociales se han convertido en la principal farmacia del país ante la escasez de medicamentos y la precariedad de los hospitales públicos. Desde allí se piden ayudas constantes, ya sea para diálisis, como para los antibióticos o cualquier otra “Yo llevo dos días desesperado, buscando piperazina para mi bebé de un año por toda Caracas”, confiesa el mecánico Óscar Miquilanera.

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