El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, mejor conocido como el milagro musical, es otro de los cosas que se han hundido con el colapso del Gobierno del ex presidente Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro.

Pedro Antonio Santiago, un joven de 36 años nacido en Caracas, y quien por dos décadas formo parte de del sistema de orquestas, ahora toca su violonchelo en estación Bilboa de Madrid.

“Me estaba muriendo allá, como yo muchos más, no había alimentos ni medicinas. Trabajé toda mi vida en una orquesta, pero la situación económica llegó hasta tal punto que mi salario como profesor del “Sistema” no me alcanzaba apenas para un café“, explicó a laABC

El joven venezolano ingresó al sistema en el año 1996, y expresó que fue una de las mejores decisiones que pudo tomar. “Si no hubiera cogido un instrumento de niño, habría estado en malos pasos, se lo garantizo. No se trata del instrumento, lo que aprendí en la institución, cuando era buena, fueron valores, disciplina, ética”.

El Gobierno de Chávez se convirtió en un aliado de esta iniciativa, apoyándola económicamente. Y su mayor logró fue no utilizarla como un instrumento político. El sistema se convirtió en el mejor embajador de Venezuela y nada logró empañarlo hasta que la crisis económica y el derrumbe del Gobierno Bolivariano la arrastró a la precariedad.

Con Maduro hubo un cambio total del Sistema de Orquestas. Chávez respetó hasta cierto nivel no inmiscuir a los niños en actividades políticas ni partidistas“, relató.

“Empezó un cambio en el bolsillo de los profesores, los repuestos de los instrumentos, los niños no podían pagar transporte y no iban a clase. Se desmayaban en los ensayos porque no habían almorzado”, destacó.

Además, el músico afirmó que la política empezó hacer parte del sistema con el Gobierno de Nicolás Maduro.

Se politizó y se echó a perder cuando Maduro tomó el poder. A día de hoy el Sistema no es ni la sombra de lo que llegó a ser. Una parte tan importante de mi país la destruyó”, lamenta.

Otro de los cambios que se operó en el sistema, cuenta Pedro, fue el del repertorio. “Se dejó de apoyar tanto a la música europea y comenzaron a incorporar elementos ajenos a la orquesta sinfónica. Al entrar instrumentos tradicionales venezolanos poco a poco se fue cambiando el repertorio sinfónico de gran nivel por este tipo de instrumentos del nacionalismo musical, obviando la parte académica”, indicó.

Para el Gobierno, afirma, “el clasicismo era malo, el capitalismo era malo”. “Nos decían: por qué no agarran un instrumento venezolano en lugar de un violín”.

Pedro Antonio, expresó que esa situación aunado con su salario que no le alcazaba para vivir, decidió arreglar sus documentos y sacarse el pasaporte español. Aunque la falta de una titulación lo ha obligado a tocar en el metro, hasta que consiga obtener sus documentos legales para trabajar en una orquesta.

“Como español puedo optar a recibir una ayuda a migrante retornado. Pero, aunque presenté mi renuncia en febrero de 2018, a día de hoy el Gobierno de España no puede darme un euro porque en Venezuela no han querido darme de baja en el “Sistema” ni del servicio de seguridad social venezolano”.

Con la misma situación de Pedro, también se encuentra Alejandro, un venezolano de 22 años, quien llegó hace tres meses a España (tiene residencia y familia española).

“Vine para continuar mis estudios en un conservatorio y por la grave situación de mi país. Aquí no me convalidan los títulos y prácticamente hay que empezar de cero en el grado superior, puesto que el “Sistema” es práctica orquestal, no una universidad”, describe.

Con información de ABC

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