Un joven identificado como Micky circula por una calle del centro histórico de Lima tratando de acercarse a los trabajadores sexuales de la zona. Su misión, junto a la ONG AIDs Healthcare Foundation (AHF), es informar sobre el virus del VIH.

Micky es venezolano y portador del VIH. Llegó a Lima en autobús, tras un viaje de seis días en febrero del 2018. Lo diagnosticaron en diciembre de 2017, en Caracas. Meses atrás se había sentido cansado, se le habían hinchado las piernas y le salió herpes. “Me practicaron exámenes pensando que eran varices, hasta que finalmente me hicieron la prueba de Elisa y dio positivo”, recuerda, según lo reseñado por el diario El País.

Su médico le dijo que debía salir del país: “Si te quedas aquí, tienes una sentencia de muerte…”.

Necesitó que un hermano le enviara 300 dólares desde Colombia para comprobar con un éxamen que la carga de VIH en su cuerpo era alta. “Me asusté. Ya tenía que hacer magia para salir a trabajar y poder comer. Y ahora debería combatir esto. Sentí mucha impotencia, me puse a llorar, no sabía qué hacer”, recordó.

El joven ya estaba entrando en la fase del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, en la que las defensas del cuerpo no pueden contrarrestar el ataque de otros virus. Al poco tiempo su médico le volvió a advertir: “Ya en tu estado tienes que salir del país. Si te quedas aquí, tienes una sentencia de muerte”.

Mientras, en Cúcuta, la AHF colocó un centro de atención en donde ha detectado 168 casos de migrantes venezolanos portadores de VIH que entraron en Colombia. Algunos en situación casi terminal.

“Recuerdo haber visto en Cúcuta a un joven que llegó del otro lado, es decir, de Venezuela. Estaba en un estado terrible de delgadez, quizás pesaba unos 50 kilos y se le veía letárgico (confuso). Era una imagen de persona en fase sida que yo no veía en el Perú desde los años noventa”, dijo el doctor José Luis Sebastián.

Carlos José Díaz, de 25 años, es otro venezolano seropositivo que ha llegado a Perú y lleva siete años luchando contra la enfermedad. En su país se trataba en el Hospital Universitario de la UCV. “La cosa se complicó, no llegaban los medicamentos. Fue entonces cuando decidí salir del país”, dijo.

Decidió emigrar a Colombia en noviembre de 2016 y desde Bogotá tomó un avión a Lima.

Alfredo, de 27 años, llegó a Perú en junio de 2017, luego de pasar 10 meses en Bogotá. Se enteró de que era seropositivo a finales de 2015, luego de unos exámenes médicos para ingresar a trabajar como ayudante de cocina en Valencia.”Lloré, lloré muchísimo, pero luego me di cuenta de que no había necesidad de que me despidieran. Hasta me enteré de que era contra la ley no darme los resultados a mí. Podía denunciarlos”, dijo.

Debido a los altos precios de los medicamentos decidió partir a Bogotá y cinco meses más tarde a Perú. “Era una imagen de persona en fase sida que yo no veía en el Perú desde los años noventa”, afirma un doctor.

“He visto casos de gente que se fue deteriorando paulatinamente. Yo el día que me enteré, lloré, pensé en mi familia, y de allí casi me olvidé, hasta el día que comencé el tratamiento”, relató Alfredo.

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