¿Quién no ha acudido a la cocina al llegar a casa a por el helado de vainilla o a por unos donuts de chocolate después de tener un mal día en el trabajo, pelarse con la pareja o haber tenido un altercado con algún amigo?

En los momentos en los que sufrimos estrés o ansiedad por algún capítulo concreto de nuestra vida es bastante común aferrarse a la comida como si no hubiera un mañana. En un reciente artículo de El Confidencial, la periodista Verónica Mollejo nos da unas pautas para que esto no ocurra. Cinco truquillos que nos ayudarán a evitar comer como respuesta a emociones negativas, lo que se conoce como alimentación emocional.

Una despensa saludable

Para no caer en el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono o grasas, intenta tener siempre en casa ingredientes saludables y equilibrados. De esta forma, aunque tengas una recaída, tu salud no se verá tan mermada.

Recurrir a otras actividades

Cuando ese impulso por la comida aparezca lo ideal es sustituirlo por una actividad que nos haga sentir bien: desde ir al cine, leer, pasear o ir al gimnasio.  Todas ellas son opciones muy relajantes y satisfactorias, y conseguirán que el ansia desaparezca hasta nuevo aviso.

Beber agua

Una forma de controlar la sensación de hambre es beber mucho líquido, principalmente agua. Da igual si no tenemos sed, lo importante es sustituir la ingesta de alimentos sólidos. Otras alternativas son las infusiones, los zumos naturales de verduras, el agua con limón o el café.

Registro diario de alimentos

Escribe un diario con todo lo que comas y bebas durante el día, incluidas las cantidades. Se trata de un método muy efectivo para saber distinguir si realmente tienes apetito o, por el contrario, estás ante un nuevo episodio de hambre emocional.

Acude a un profesional

Si ves que la situación ya es insostenible, no tengas miedo de compartir tus sentimientos con aquellos que te rodean o incluso con un profesional capacitado. Pedir ayuda es siempre una solución correcta.

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