La frontera entre Colombia y Venezuela tiene una distancia de 2.219 kilómetros, y es una zona por donde han circulado ejércitos libertadores, comunidades indígenas, criollos, blancos, misioneros, guerrilla y narcotraficantes, es una frontera que vive en constante movimiento.

En esta inmensa frontera, que comprende los departamentos colombianos de Vichada y Guainía y los estados Amazonas y Bolívar, se concentran indígenas venezolanos que cruzan hacia Colombia, y de colombianos que regresan a su país.

Además en esa misma zona, se encuentran campamentos de de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que se han ido escurriendo por la frontera para ocupar zonas, tanto en Colombia como en Venezuela, aunado a que también existen bandas criminales, minería ilegal y tráfico ilegal de drogas, oro, coltán, diamantes, personas, armas, gasolina y fauna.

Crimen sin frontera

Esta parte entre Colombia y Venezuela contempla todas las vertientes de la crisis, pero contiene uno adicional que es la inmigración de las comunidades indígenas piapoco, sikuani y baniva, principalmente, llegan a Colombia tras el desplazamiento interno al que han sido sometidos.

Liborio Guarulla, exgobernador del estado Amazonas asevera que “durante años, las comunidades indígenas colombianas, desplazadas por la guerrilla y los paramilitares, pasaron a territorio venezolano. Pero en 2006 las Farc llegan a Venezuela, a Baroa y Atabapo, y sucede el primer desplazamiento interno. Con los años, las disidencias de esa guerrilla se volvieron una mafia dedicada al contrabando de minería y que, protegida por el gobierno de Maduro, como protege al ELN, se ha convertido en un grupo paramilitar que sigue desplazando a nuestras comunidades”.

Además manifiesta que los guerrilleros del ELN han llegado al norte del municipio Atures, limítrofe con Colombia: “El ELN está reclutando a jóvenes y hombres indígenas del estado Amazonas, colindante con Colombia, aprovechando el hambre y la indiferencia del gobierno venezolano”.

Viviendo al límite

El pueblo yanomami que colinda la frontera entre Brasil y Venezuela, están muriendo de por enfermedades que no conocían, además de la desnutrición que persiste, y así lo confirma Álvaro Alberto Cardoso, director del hospital San Juan de Dios de Puerto Carreño: “Los niños indígenas venezolanos que atendemos llegan con alto grado de desnutrición y afectados por dermatitis y malaria. Los adultos, además y aunque se diga poco, afectados por VIH”, reseñó ABC.

Comments

Leave a reply

Your email address will not be published.