El feminismo ha estado en boca de todos durante 2018 y la narración de la furia de las mujeres ha sido recogida en dos libros publicados antes de acabar el año casi de forma simultánea: “Rage Becomes Her: The Power of Women’s Anger” de la activista Soraya Chemaly y “The Revolutionary Power of Women’s Anger” de la columnista del New York Times Rebecca Traister.

“El feminismo americano ha sido una de las grandes historias de éxito de la democracia liberal del siglo XX”, señala la periodista Cathy Young en un artículo titulado ‘Is rage the future of feminism?’ publicado recientemente en la revista Reason. Es indiscutible que muchas actitudes han cambiado dramáticamente en muchos sentidos. En el año 2000, sin ir más lejos, nueve de cada 10 estadounidenses afirmaron  que votarían a una mujer como candidata presidencial, en contraste al año 1955, en el que sólo una de cada dos personas declararon que lo harían. 

#Metoo

Según el mismo artículo, la corriente generada por el #Metoo significa que el feminismo ha ganado su batalla, mientras que para otros, es ahora cuando se debe luchar contra obstáculos más complejos. La mayoría de los puestos de poder, por ejemplo, siguen ocupados por hombres mientras que las mujeres continúan haciéndose cargo de las tareas del hogar y de los niños.

El género femenino está enfadado y la furia se ha desatado todavía más tras conocerse muchos escándalos sexuales de la mano del movimiento #Metoo y la cruzada anti-violación y anti-patriarcal nacida unos años antes en Estados Unidos. En España, tras conocerse la sentencia condenatoria por abuso sexual de “La Manada”, nació también el conocido hashtag #Cuéntalo a través del cual muchas mujeres contaron las agresiones sexuales que sufren o vivieron en el pasado.

El papel del feminismo en 2019

Estas revelaciones en las redes sociales han aportado a los activistas una herramienta efectiva para trabajar sin la necesidad de envolver a los gobiernos, pero la autora del artículo de Reason, Cathy Young, alerta que la rabia de las mujeres no supone necesariamente un avance en la lucha por la igualdad.

“El feminismo moderno con su marco de privilegio masculino y de opresión femenina, muestra una visión simplista y unilateral de las dinámicas de género de las sociedades occidentales modernas”, según Young.

Las dinámicas del movimiento feminista, por ejemplo, ignoran la posibilidad de que algunos prejuicios basados ​​en el género -como la expectativa de que los hombres realicen tareas más físicas-, puedan beneficiar a las mujeres o perjudicar a los hombres.

No tienen en cuenta tampoco la gran diversidad y flexibilidad de las normas culturales. Se niegan a reconocer, además, que no existe una solución perfecta al problema de impartir justicia cuando alguien alega un delito sin testigos y ambas partes cuentan una historia igual de creíble.

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