Hilda camina entre tumbas con losas destrozadas y ataúdes expuestos, acompañando la procesión. Los sepulcros de sus seres queridos en el mayor cementerio de Caracas fueron profanados, como los de muchos otros, y este sábado les rindió honores.

A la espera de las festividades de Navidad y Año Nuevo, la Arquidiócesis de Caracas realizó un acto de “reparación y expiación por las almas de las tumbas profanadas” en el Cementerio General del Sur, donde las violaciones de sepulcros han sido masivas en la última década.

Las tumbas del padre, la madre, la hermana y el esposo de Hilda Torres fueron robadas.

“Ha sido un sufrimiento muy grande. Lloré, lloré y lloré. Lloré muchísimo (…). Ya yo no sé dónde están sus restos, pero Dios sí”, comenta a la AFP, con resignación, esta mujer de 70 años antes de comenzar a andar junto con la procesión, de unas 60 personas, encabezada por el obispo auxiliar de Caracas, monseñor Tulio Ramírez Padilla.

Previamente, Ramírez presidió un acto eclesiástico en la capilla del cementerio.

Lápidas quebradas, sepulturas abiertas y antiguos ataúdes a la intemperie se observan por decenas, señal de los robos que proliferan con impunidad.

Los profanadores buscan dientes de oro, joyas o cualquier cosa que puedan vender, pero también actúan los llamados “paleros”, quienes utilizan restos humanos para ritos de santería.

Aprovechan la inseguridad reinante en este cementerio del suroeste de Caracas, una de las ciudades más violentas del mundo.

Venezuela contó con una tasa de 89 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2017 (15 veces mayor a la media mundial), según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia.

Temorosa por la delincuencia, Hilda cuenta que redujo al mínimo las visitas al camposanto.

La mujer pagaba a un hombre que cuidaba la zona donde estaban las sepulturas de sus familiares, pero un día recibió una llamada suya avisándole que dejaría de hacerlo por falta de seguridad.

Fundado en 1876, el cementerio -otrora el más importante de Caracas- sigue activo. Mientras la procesión avanzaba con cantos religiosos, un entierro se desarrollaba con música electrónica a todo volumen, costumbre creciente en familias de estratos sociales bajos.

Reposan en el sitio venezolanos ilustres que tampoco se han salvado del vandalismo. La tumba de Rómulo Gallegos, expresidente y autor de obras literarias de fama mundial como Doña Bárbara (1929), fue profanada en julio de 2016.

También están sepultados allí personajes célebres, folclóricos, cómo Victorino Ponce, un albañil fallecido en 1880 y llamado popularmente “El Santo de las Casas”.

De las ramas de un árbol que crece al pie de su tumba cuelgan pequeñas casitas de madera de personas que le rezaron por una vivienda y agradecen “los favores recibidos”. La sepultura se mantiene indemne.

AFP

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