Asediado en varios frentes judiciales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, continúa este lunes la difícil búsqueda de un nuevo jefe de gabinete, un puesto tradicionalmente prestigioso que parece haberse vuelto tóxico por las flagrantes tensiones en la Casa Blanca.

En un hecho inusual, el mandatario anunció la partida de John Kelly, un general de la Marina retirado con quien la relación se ha deteriorado en los últimos meses, antes incluso de encontrar a su sucesor.

Nick Ayers, de 36 años, jefe de gabinete del vicepresidente Mike Pence, era el favorito para suceder a Kelly, pero tiró la toalla la noche del domingo, en un desaire para el presidente más allá de las razones de índole familiar esgrimidas oficialmente.

Todo Washington especula y Trump, sin eventos públicos en la agenda, guarda silencio por ahora sobre este tema.

El legislador republicano por Carolina del Norte Mark Meadows, cuyo nombre sonó el lunes insistentemente desde la mañana, dejó en claro que el cargo le interesaba.

“Ser nombrado jefe de gabinete sería un gran honor”, dijo el líder del “Freedom Caucus”, la bancada ultraconservadora de la Cámara de Representantes.

“El presidente tiene una larga lista de candidatos competentes y sé que tomará la mejor decisión posible (…) para el país”, agregó.

El hecho mismo de que Trump esté bregando para atraer candidatos a un puesto considerado de los más emocionantes y prestigiosos de Washington, habla sobre el estilo de su presidencia y su aislamiento.

TENSIONES EN EÑ “ALA OESTE”

Más o menos directamente, excolaboradores y exmiembros del gabinete explicaron, uno por uno, la dificultad de trabajar diariamente con el impetuoso presidente de 72 años, quien fue lanzado al poder sin ninguna experiencia política o diplomática.

El exjefe de la diplomacia estadounidense, el discreto Rex Tillerson, pintó un duro retrato de Trump. “Es bastante indisciplinado, no le gusta leer, no lee informes de reportes, no le gusta entrar en los detalles de muchas cosas”, dijo en una entrevista. Sus comentarios le valieron una serie de insultos del presidente.

“Nadie quiere ser jefe de gabinete de Trump”, dijo el opositor Partido Demócrata en un comunicado. “¿Y por qué lo querrían? Trump ha convertido el principal puesto de la Casa Blanca en el “hazmerreír del público'”.

Pero más allá de los cuestionamientos al funcionamiento del “Ala Oeste”, el presidente de Estados Unidos ahora es mencionado en una investigación con muchas ramificaciones que oscurecen significativamente el final de su segundo año en el poder.

En su primera reacción a la publicación el viernes de documentos sobre pagos ocultos realizados antes de las elecciones de 2016 a Karen McDougal, una “conejita” de la revista Playboy, y a Stormy Daniels, una actriz porno, Trump tuiteó el lunes, en mayúsculas y con signos de exclamación, su expresión favorita: “¡CAZA DE BRUJAS!”.

“UNA SIMPLE TRANSACCIÓN PRIVADA”

Según el fiscal de Nueva York, el exabogado personal de Trump Michael Cohen, que hizo todo lo posible para evitar que las dos mujeres contaran sus presuntas relaciones con el magnate inmobiliario, actuó por órdenes del entonces candidato Trump con la intención de “influir” en los comicios. Esos pagos constituyen por lo tanto una violación de la Ley de Financiamiento Electoral.

Trump arremetió el lunes contra sus opositores políticos por esto. “Ahora los demócratas acuden a una simple transacción privada, la llaman erróneamente una contribución de campaña… que no lo fue”, tuiteó.

“Sería responsabilidad del abogado si cometiera un error, no mío”, dijo, acusando a Cohen de volver a mentir para conseguir una sentencia de menos años de cárcel.

En este ajetreado fin de año, el exdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI) James Comey, abruptamente despedido por Trump, insistió el domingo en que los votantes deben hacer todo lo posible para asegurarse de que “las mentiras se detienen el 20 de enero de 2021”.

En una aparición pública en Nueva York, Comey dijo que una victoria en las urnas es mucho más preferible a un juicio político en un país altamente dividido”.

“Un procedimiento de impugnación enviaría un mensaje confuso”, dijo, señalando el riesgo de que un tercio de los estadounidenses sientan que su líder ha sido derrocado por un “golpe”. AFP

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