Unas navidades sin brillo y festejo es lo que le espera a cientos de familias venezolanas ante la deplorable situación económica, política y social que vive el país latino en su segundo año continuo de hiperinflación.

El bajo poder adquisitivo del ciudadano ha llevado a sus pobladores a dependen en muchos casos de la ayuda “mal suministrada” del Gobierno Bolivariano, quien hace poco, anunció que se empezarían a repartir los tradicionales perniles a través de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), a un precio muy accesible.

El hecho es que si llegaron los mencionados perniles a diferencia del año anterior, pero solo a ciertos sectores y en poca cantidad. Los vecinos del sector Valle Alto en Petare, se despertaron hace dos sábados alrededor de las tres de la madrugada durante un alboroto en el que se propicio la entrega de este producto, sin embargo la felicidad duro muy poco.

Muchos salieron de sus viviendas para adquirirlo a bajo precio, pero de 6.150 perniles necesarios para la comunidad, solo llegaron 1.160, según lo reseñado por el diario El País. Este escenario originó que entre malos ratos y humillaciones, se viesen en la necesidad de picar la carne en trozos pequeños de kilo y medio para poder repartirlos entre toda la comunidad.

Esta situación se repitió en varios sectores de Caracas y en otros estados del país, dejando tras su paso un sabor amargo para quienes esperaban con ansias esta “ayuda” del Gobierno ante los altos costos en el mercado. Un pernil en la calle puede costar fácilmente hasta 2.600 BsS por kilo, mientras que los que fueron vendidos por los comités del Clap costaban 200 BsS por kilo.

El objetivo que proclamó el actual Gobierno de Nicolás Maduro fue, precisamente, el de reducir la desigualdad, no obstante, para millones de venezolanos se ha convertido en una lucha diaria contra la miseria.

Un estudio coordinado por la Universidad Católica Andrés Bello y otros centros, señaló que el 87% de la población vivía el año pasado por debajo del umbral de la pobreza. En el 61% de los casos, la carestía es extrema, llegando a un punto en el que el 50% de la población se ha visto en la necesidad de sustituir gran parte de los platos de la mesa venezolano, dejando a un lado, por ejemplo, el consumo regular de carnes blancas o rojas.

Una crisis económica sin precedentes, una hiperinflación desbocada y la dolarización condenan a los ciudadanos a pelear con unos precios enloquecidos y a depender de las ayudas estatales.

La reconversión monetaria y el aumento del salario mínimo, que ahora se sitúa en 4.500 bolívares soberanos, solo contribuyeron a generar un círculo vicioso que disparó el valor de los productos básicos, obligando a los trabajadores a dejar a un lado ciertas costumbres típicas de diciembre, como la cena navideña.

“La hiperinflación se sigue acelerando. También la contracción económica: las dos cosas se están profundizando. El Gobierno, para tratar de controlar la hiperinflación, aumentó el salario no sé cuántas veces, lo que hizo que varias empresas tuvieran problemas de flujo de caja y no estén consiguiendo financiación”, dice Henkel García, analista financiero y director de la consultora Econométrica.

“El símil que pongo es que está una persona tirada en el piso y tú tratas de revivirla ahorcándola. El aumento de salario es inflacionario, porque al final tienes que ajustar los precios. Pero para que eso sea posible tienes que aumentar la masa monetaria, que no está creciendo”, señaló.

El pasado mes de noviembre los precios aumentaron un 144,2%, según el cálculo que hace la Asamblea Nacional. “Van a venir más sanciones. Habrá más presión y eso va a complicar las cosas internamente. Eso puede desencadenar una crisis más profunda. Nosotros queremos que haya una transición, pero también es posible un escenario de anarquía“, consideró el economista y diputado opositor Ángel Alvarado.

En esa catástrofe desempeña un papel central el uso del dólar, que parece ya irreversible. “Cuando estás en hiperinflación tienes que anclarte nominalmente a algo, ¿Cómo fijas el precio?”, continúa García. “¿Cómo se anclan la gente y las empresas para sobrevivir?”. Recurriendo, explica, a fijarlo “todo en dólares”.

Estamos en un proceso de dolarización de facto. Y como la masa de dólares es limitada, entonces este proceso viene acompañado de un empequeñecimiento abrupto de la economía”, concluyó.

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