Ya empezamos el recorrido de lo que es una gira de dos días por Lara y Yaracuy. Antes hicimos una parada en Puerto Cabello, donde la coordinadora de Vente Venezuela tomó café, comió cochino. Eran las 8 de la mañana. Lo hizo tan natural como si fuese parte de su rutina. En Barquisimeto, el recibimiento la dejó satisfecha porque logró dejar su mensaje, pese a también quedar conmovida por la dura realidad que escuchó. Durante el recorrido desde la Plaza San José, carrera 21, cerca de las 12 del mediodía, personas no dejaron de acercarse, abrazarla, llorarle por la crítica crisis que los ha separado de algún pariente o que no les permite comer. Le pidieron que este panorama “oscuro” se acabe. Ella, con camisa blanca, jeans y botas negras afirmó que el “quiebre” está cerca y que el 2019 es decisivo. Les pidió fuerza y entender que la salida no es vía electoral, tal y como aseguran otros voceros de una oposición que abogan por salida vía negociada o dialogada. “No hay tiempo cuando la gente se muere de hambre”, respondió.

“Esto es duro, no saben lo que la gente me dice al oído”, expresó a su equipo y a Sumarium. En ese momento se refería al caso de una mujer que se le acercó llorando sin parar con una niña. Lo que le dijo solo lo sabe María Corina. Saludó a policías, quienes con un tono de voz bajo le pidieron que no se rindiera.

Después de este capítulo, fuimos a El Impulso donde le hicieron una entrevista. Ya se había enterado que le otorgarían el premio para la Libertad 2019, de la organización Internacional Liberal, con sede en Londres. Expresó que eso solo se traduce en más compromiso. Me preguntó que cómo me pareció el recorrido. Respondí con un “muy fuerte”. Ella amplió: “¿Lindo, verdad?”, haciendo énfasis que los larenses atendieron a su convocatoria.

La jornada se terminó. Su equipo la describe como una mamá que los acobija y vela por ellos. “Es muy maternal”, dicen. Almuerza con su equipo lo que compren. Esta vez fue pollo frito, que compartió con uno de los miembros de su partido en el estado. Allí uno de ellos contó una anécdota que María Corina ya había narrado. Su papá quería un varón, y ella en una oportunidad dijo “y de vainita”. Todos ríen al recordar.

Es jueves. A las 7 de la mañana llegamos a Promar TV donde hizo una entrevista, después entramos a una panadería que se paralizó con su llegada. Los presentes, la mayoría, quería una foto mientras María Corina probaba una bandeja pequeña de queso blanco y un pastelito. No sin antes su café y su Pepsi light que siempre toma. Allí, más en íntimo, aseveró que “la gente está clara” y manifestó que los venezolanos en el interior del país son más expresivos que los caraqueños. Los larenses no dejaron de decirle “que será la próxima presidenta del país”. La dirigente, una de las más prominentes de la oposición venezolana, respondió con un modesto “gracias”.

Ese mismo día llegamos a Yaracuy. Allí una comitiva del Sebin se unió a la caravana. En otra caminata por el centro de San Felipe, saludó a todo el que se cruzaba por su camino. Se paraba y oía. Compró un jugo a una anciana que se lo pidió para poder comprar algo de comida. Luego habló con un vendedor de maíz pilado que le dijo “hay que salir de esto”, pero por vía electoral. Ella argumentó: “dictadura no sale con votos”. Él calló. María Corina insistió que no estaba cansada en su lucha de explicar cuál es la vía, la que ella propone.

Todo se terminó. Almorzó pizza. Luego de una parada técnica, íbamos rumbo a Caracas. Se paró en La Encrucijada en Aragua para ir al baño, pero para algunos eso no es impedimento para pedir una foto. Ella accedió, y como siempre se despidió con unas palabras que la identifican: “Fuerza, mucha fuerza”.

Por Jornelly Aldana / Sumarium

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