Tanto Castillo como Valbuena, así como el resto del equipo Cardenales de Lara habían llegado a la capital de la república el pasado miércoles, desde el nido crepuscular, para medirse en dos encuentros con Leones del Caracas en el estadio de béisbol de la Universidad Central de Venezuela.

Castillo, la noche del mismo miércoles 5 de diciembre, fue protagonista de la victoria de su equipo, 5 carreras por 3, en donde rompió el empate que había hasta el séptimo capítulo, con una fuerte conexión hacia el campocorto caraquista, Gregorio Petit, que finalmente permitió la carreras que puso adelante al equipo larense.

En el mismo juego Luis Valbuena conectaba su doble número 11 de la campaña, para contribuir a la victoria crepuscular que, con ella, se mantenían en el primer lugar de la tabla de posiciones. El zuliano no había jugado la temporada pasada y en esta decidió uniformarse por el deseo de que Cardenales obtenga el gallardete y jugar con ellos en la Serie del Caribe 2019, que tendrá como sede la capital larense.

Como la rutina de los peloteros durante una temporada de béisbol en Venezuela, luego del encuentro del miércoles salieron a comer y luego al hotel para descansar y prepararse para la rutina del próximo día.

El equipo llegó alrededor de las 2 de la tarde al parque de la UCV, y con ello tanto El Hacha como Valbuena, y el resto del equipo, se dirigieron al club house de la derecha del parque universitario para comenzar a uniformarse y luego salir al terreno al calentamiento previo al juego.

Cuentan personas presentes en el clubhouse de los pájaros rojos que El Hacha salió de ahí hacia la cueva de Leones del Caracas, equipo donde se inició en el béisbol profesional venezolano y para el que jugó 12 temporada, y hacia los bates del joven Harold Castro y tomó uno de ellos diciéndole: “Este me lo llevo. Con este voy a dar el hit 2000”. Castillo había llegado a los 1000 hits en la LVBP esta campaña.

Cuando Jhonatan Biarreta, árbitro principal del juego Lara-Caracas la noche del jueves 6 de diciembre, cantó play ball, nunca se imaginó que estaría arbitrando el último juego de dos figuras del universo del béisbol.

Si Jhonatan Biarreta no imaginaba lo que sucedería horas después, menos estuvo en la mente de las 5.257 personas que estaban presentes en el estadio y que vieron como José Castillo aumentaba la suma de imparables conectados de por vida al irse de 4-3 y que Luis Valbuena sumaba uno más a su dilatada trayectoria como pelotero profesional.

Castillo y Valbuena se dirigían al dogout como a las 9 y 12 de la noche, tras su equipo caer derrotado, pero aún en el primer lugar, motivo de satisfacción para ellos y su equipo.

Del Estadio Universitario un grupo de peloteros abordaron el autobús del equipo para ir a comer y luego seguir camino a Barquisimeto, donde este viernes 7 de diciembre deben (deberían) enfrentar a Bravos de Margarita. Otro grupo de peloteros decidieron irse en carros particulares con los mismos destinos.

Un grupo de esos peloteros que prefirieron no irse en el autobús lo integraban Luis Valbuena, José Castillo y Carlos Rivero, junto a un chofer. Rivero iba adelante con el chofer, con sus respectivos cinturones de seguridad. José y Luis iban en la parte posterior del vehículo.

Castillo y Valbuena se encontraron con el infortunio y la inseguridad, no llevaban colocados el cinturón de seguridad y al momento del accidente, presuntamente provocado, salieron disparados de la camioneta en la vía hacia San Felipe y perdieron la vida.

Sus familias y la familia del béisbol pierden a dos grandes personas y excelentes peloteros. Paz a sus restos.

Antonio Calderón
@AJCalderonL

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