La crisis en Venezuela ha obligado a muchas mujeres venezolanas a buscar suerte en otros países, pero en lugar de mejorar su calidad de vida, encontraron la muerte.

Según lo que reseña El Nuevo Herald, entre febrero del 2017 y noviembre del 2018 diversos medios de Latinoamérica reportaron la muerte de al menos 41 venezolanas.

Algunas fallecieron al caer en las garras del crimen organizado, otras a manos de sus parejas que se volvieron agresivos tras emigrar.

Kenny Finol, es una de esas venezolanas que decidió huir de su país hacía México. La joven nacida en Maracaibo, estudiaba Comunicación Social y soñaba con ser una periodista de renombre pero sus sueños fueron trucados, y regresó a Venezuela en un ataúd.

Su cadáver fue hallado el 25 de febrero del 2018 en una calle solitaria de México, considerada la zona de más violencia contra las mujeres y donde operan organizaciones de trata de personas y tráfico de drogas.

A la venezolana de 26 años le desfiguraron el rostro con ácido, la golpearon brutalmente, la violaron y la torturaron antes de matarla.

De acuerdo a información aportada por su hermano, Terlis Alfonso Alvarado Finol, la joven en busca de mejores condiciones de vida terminó trabajando de dama de compañía en México.

Se anunciaba como “La muñeca más cara de la vitrina” en ZonaDivas.com, uno de los portales de escorts más conocidos de México, que usaba una red de explotación sexual hasta que fue cerrado en abril de 2018.

“Ella tenía tiempo desde que decidió irse por la situación que tenemos aquí. No sé por qué eligió ese país; ella estaba en Colombia y de allí se fue a México. Luego vino a Venezuela. Se iba, se demoraba unos meses allá y se devolvía”, afirmó añadiendo que finalmente regresó, pero para quedarse en un cementerio.

Empacaron su sueños y esperanzas

También hay casos de jóvenes que decidieron probar suerte por su propia cuenta. Empacaron sus esperanzas y sus sueños y emprendieron viaje hacia donde pensaron que encontrarían un lugar donde trabajar, y desde allí ayudar a sus familiares.

Lorena Marina Cardozo, de 21 años, se despidió de su humilde familia en el estado Yaracuy, en septiembre del 2017,y partió hacia Ecuador.

Pero pronto se encontró con la dura realidad que viven muchos de sus compatriotas que han emigrado: tener que vender golosinas, empanadas o flores en las calles para sobrevivir.

Cardozo desapareció días antes de la fecha en que planeaba regresar a su país para asistir a su acto de graduación como ingeniera comercial. Su cadáver fue hallado el 17 de marzo en un camino poco transitado.

La autopsia determinó que se ahogó con su propio vómito; el cuerpo no tenía señales de violencia, pero se desconoce cómo apareció en ese lugar y quién la trasladó allí.

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