Venezuela ya vive la temida hiperinflación, sin embargo los números distan de mostrar la realidad que viven los venezolanos en medio de la crisis. Ante esto, el diario español El País hace un relato de la lucha de estas personas.

Relatan la historia de Karina Cancino, de 42 años, que hasta el año pasado era gerente de su productora audiovisual. “He reducido la calidad de vida de mis hijas. Las clases de inglés, baile y deporte se acabaron este año. También el seguro médico. Tampoco hemos viajado: desde hace dos años, cuando fuimos a Nueva York, no salimos de vacaciones. Trabajo solo para mantener a las niñas”, relató la mujer que ahora vive de un pequeño cafetín que abrió en una clínica de Caracas luego de disolver su compañía.

“Todos los meses renunciaba el personal porque se iba del país. Todos los meses teníamos que entrenar a nuevos empleados, se hacía imposible seguir trabajando acá. Era muy difícil estar ajustando salarios, retener a las personas, lidiar con aumentos de alquiler y fallas de servicios”, contó la madre que guarda unos pocos ahorros en dólares en caso de una emergencia médica.

César Reina, de 45 años, hace milagros con el salario mínimo que recibe como mensajero en una empresa: “Antes, uno podía guardar un poco del salario y juntar para comprarse algo. Ahora se vive al día”. Él vive en un barrio de La Guaira y cuenta que ahora solo come una o dos veces al día a pesar de que pasa su tiempo libre tratando de obtener otros ingresos. “Pinto, reparo cosas, hago lo que sea. Con eso pude pagar la inscripción y los útiles escolares de mi hija pequeña, porque solo el pantalón para la escuela me costaba 1.800 bolívares [el salario mínimo que regía desde agosto hasta este jueves, cuando el Gobierno lo aumentó hasta los 4.500 bolívares soberanos]”, contó. “En mi barrio era tradición los domingos hacer una sopa de costilla y pollo para compartir con los vecinos, pero ya no se puede hacer sopa y mucho menos compartir”, recuerda.

Maura García vive en Petare y con intercambios entre compañeros y haciendo largas colas intenta conseguir los productos para su alimentación: “Hace tiempo que no sé lo que es comer carne ni frutas”. Su sueldo solo le alcanza para comprar 15 huevos y su hijo, que emigró a Colombia hace un año, le envía algo de dinero para ayudarla.

En Chacao, una zona de clase media de Caracas, los hermanos Nil y Manuel Rodríguez Domínguez cerraron en noviembre el bar familiar que mantuvieron por 28 años. “El último año se hizo muy difícil sostener el ritmo de precios”, explican. Ambos esperan ahora emigrar a Galicia, España, la tierra de sus padres ante la imposibilidad de mantener los precios y reponer los inventarios de su local.

“Cuando entramos en hiperinflación no imaginábamos que fuera tan agresiva. Esperábamos algo como lo que ya había ocurrido en Sudamérica, de 20.000% o 50.000% como en Bolivia, pero esta ha rebasado todo”, explica el diputado José Guerra para el medio. “La hiperinflación va a seguir el próximo año, porque las causas que las han motivado se mantienen y parece que el Gobierno tiene más cerrados los accesos a financiamiento externo”, agrega Guerra.

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