“Nadie suelta la mano de nadie”. El lema que se popularizó tras la elección de Jair Bolsonaro resume el momento actual de movimientos feministas brasileños, que buscan unirse para hacer contrapeso al conservadurismo que se reinstala en Brasil.

Elegido presidente el 28 de octubre con cerca de 58 millones de votos, Bolsonaro se hizo conocido por sus declaraciones misóginas, y una campaña marcada por advertencias como “colocar un punto final a todos los activismos” en Brasil.

Al mismo tiempo, mujeres de diversas edades, corrientes políticas y clases sociales se unieron contra el candidato en la campaña #EleNão (Él no, en español), que llevó a las calles a millones de brasileñas en septiembre. Contar con esa capacidad de convocatoria es un desafío que los movimientos sociales y feministas tendrán a partir del 1 de enero.

“No sé bien cómo nos vamos a organizar”, admite a la AFP la filósofa Djamila Ribeiro. “Creo que vamos a continuar resistiendo y creando estrategias a partir de aquello que vaya sucediendo”, considera.

Esa organización actual de las mujeres “es un movimiento muy interesante, histórico, continuo, que cada vez gana más fuerza. Creo que es difícil lo que viene. La mitad de la población es contra (Bolsonaro). Son millones y millones de personas que también van a resistir y pensar en estrategias para seguir. Todo tiempo histórico tiene dificultades”, recuerda Ribeiro.

El Congreso que asume funciones el próximo año es ampliamente definido como uno de los más conservadores desde el fin de la dictadura (1964-1985). Y, pese a que el porcentaje de mujeres es mayor, muchas de ellas están en la línea de extrema derecha del presidente.

AFP

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