La visita anterior: pesca, “Gabo” y acuerdos

Tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, Adolfo Suárez (1976-1981) fue ya el primer mandatario de Europa Occidental en pisar Cuba en 1978. Cuatro años más tarde se produjo la hasta ahora última visita oficial a la isla con Felipe González (1982-1996).

La prensa española habló entonces de “visita extraña”, como recordó recientemente un cronista del diario “El País”, porque en las primeras 48 horas no hubo programa ni acto oficial. González y Castro fueron de pesca, conversaron con los escritores Gabriel García Márquez y Alfredo Bryce Echenique e intercambiaron bromas y desencuentros, pero también acuerdos económicos que abrieron paso a la sólida presencia empresarial española en el país caribeño.

El conservador José María Aznar estuvo luego en La Habana en 1999, pero no en visita oficial, sino por la Cumbre Iberoamericana celebrada ese año en la ciudad.

Una relación con altibajos

Esa larga pausa refleja los altibajos de la relación entre Cuba y España, su interlocutor natural en Europa. El propio Fidel Castro, hijo de un inmigrante gallego, alternó entre declararse “juancarlista” por su buena relación con el ahora rey emérito Juan Carlos I y llamar “cobarde” o “führercito” a Aznar.

Más allá de incidentes puntuales, el momento más tenso de las relaciones se produjo precisamente con la llegada del Aznar a La Moncloa en 1996. El conservador se alineó con Estados Unidos, interrumpió la cooperación oficial con La Habana e impulsó la llamada “posición común” en la UE, que condicionaba las relaciones del bloque con La Habana a su apertura democrática.

La llegada al Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 distendió el vínculo, pero solo dos años más tarde Fidel dejó el poder a su hermano, Raúl Castro, y la isla inició su propio periodo de transformaciones. El sucesor de Zapatero desde 2011, Mariano Rajoy, comenzó a trabajar en una visita oficial que finalmente concretará ahora Sánchez.

La cuestión de los disidentes y la polémica en España

A pesar de que el Ministerio de Exteriores de Rajoy venía trabajando en la visita, su sucesor como presidente del conservador Partido Popular (PP) y principal líder de la oposición en España, Pablo Casado, utilizó la visita para arremeter contra Sánchez. “¿Qué pinta Sánchez yendo a Cuba? ¿No hay países para visitar?”, llegó a preguntarse Casado el fin de semana.

En concreto, el líder popular acusó al socialista de ser “muy cobarde” con figuras que consideró “dictadores”, como el venezolano Nicolás Maduro, el nicaragüense Daniel Ortega o el cubano Miguel Díaz-Canel. El diario “El Mundo”, muy crítico con el Gobierno socialista, sostuvo que Sánchez viaja a Cuba “con la maleta cargada de oxígeno político y económico” para Díaz-Canel.

La oposición exige en general un encuentro del mandatario español con disidentes y opositores cubanos, gran incógnita de su agenda hasta el momento.

Deshielo en Cuba

Sánchez defendió desde un primer momento su viaje recordando la amplia lista de líderes occidentales que lo precedieron en la isla desde que Cuba y Estados Unidos anunciaron un proceso de deshileo a fines de 2014.

El primero fue el francés François Hollande, que consiguió posicionar a multinacionales galas en sectores estratégicos de la construcción, la energía o el transporte. Le siguieron otros como el italiano Matteo Renzi, en octubre de 2015, o el portugués Marcelo Rebelo de Sousa un año después.

El momento cumbre fue en marzo de 2016, cuando Barack Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en pisar La Habana en 88 años. En septiembre de ese año, el papa Francisco realizó homilías en las principales ciudades cubanas.

El jefe de Gobierno español más viajero

En clave interna, el viaje se enmarca en una febril actividad exterior de Sánchez. Desde que llegó al Gobierno en junio gracias a una moción de censura que tumbó a Rajoy, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) mantuvo reuniones bilaterales con una veintena de jefes de Gobierno y participó en cumbres de la UE, la OTAN o la ONU.

Mientras que el Gobierno ve en esa actividad como un testimonio de que España se reposiciona en el mundo, la oposición acusa a Sánchez de volcarse al exterior por su debilidad interior: con apenas 84 de los 350 diputados, preside el Ejecutivo más frágil en la democracia española reciente. “Pedro Sánchez es el presidente de la extrema fragilidad política en España que se comporta como si tuviera la mayoría absoluta en el extranjero”, resumió el portal “El Español”.

DPA

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