Zulay Granados era una férrea opositora que vivía en el barrio 23 de Enero. “Algunos vecinos descubrieron que participaba en las marchas de la oposición y un día tocaron a mi puerta advirtiéndome de que, o cambiaba, o tenía que atenerme a las consecuencias”, contó desde España, a donde huyó con toda su familia.

La travesía de Zulay no fue fácil, junto a su esposo, su hija Oriana de 18 años, Kleider de 15 y Alan de 7, salieron de Caracas a Valencia, luego a Maracay y de nuevo a Caracas a un barrio distinto, relató eldiario.es.

Pero la violencia, la delincuencia y las dificultades para acceder a los medicamentos y la comida, llevaron a esta familia a emigrar.

Vendiendo su casa y pidiendo apoyo económico a familiares llegaron al país europeo. “No emigramos para que me den todo, sino para salir adelante”, dice la mujer, desde una parroquia en donde fueron acogidos mientras hacen los trámites para pedir asilo.

A la Parroquia San Carlos Borromeo, en Madrid, llegaron luego de ser desalojados, junto a otras familias latinoamericanas, de la sala de espera de la sede central del Samur Social.

Algunos de ellos habían dormido allí en noches anteriores ante la falta de otra alternativa del Gobierno español, el Ayuntamiento y organizaciones dedicadas a la atención de solicitantes de asilo.

Junto a los venezolanos también se encuentran familias de El Salvador, Nicaragua y Colombia.

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