El coche autónomo, drones que nos traen el último ‘best seller’ a casa o la compra de la semana, tener vista de superhéroe gracias a la hiperimagen o ser capaces de “tocar” la tela del vestido que estamos comprando desde nuestro móvil. La tecnología promete seguir cambiando nuestra forma de estudiar, de trabajar, de comunicarnos y relacionarnos, de disfrutar de nuestro ocio y, en definitiva, de vivir.

Estamos inmersos en un periodo de innovaciones constantes porque es lo que nosotros, usuarios y consumidores, demandamos. Premiamos a las empresas más innovadoras, como demuestra el hecho de que son también las de mayor capitalización bursátil: Apple, que ya ha superado el billón de dólares de valor en bolsa, Amazon, Alphabet y Microsoft.

Este cuarteto virtuoso se completa con Facebook, pero en el top-10 mundial hay otras dos tecnológicas que no son de bandera estadounidense sino china: Alibaba y Tencent. Al contrario de lo que pudiera parecer, estas dos empresas son mucho más que la versión oriental de Amazon y WhatsApp. Son una buena prueba de cómo este país ha comprendido que no es suficiente con imitar la tecnología extranjera, sino que tienen que desarrollar la suya propia.

Esto no significa que renuncien a ser la fábrica del mundo, todo lo contrario. El sector industrial está en pleno proceso de automatización y robotización, de modo que necesita ser apoyado por un amplio tejido tecnológico, y en ello reside la ventaja competitiva que China quiere hacer valer frente a otros países en desarrollo.

La innovación, por tanto, es tan necesaria para las economías más desarrolladas como para aquéllas que están en desarrollo. Es el remedio más eficaz frente al denominado mal del “ingreso medio”, una especie de limbo entre el subdesarrollo y el desarrollo en el que puedan quedar atrapados los países iberoamericanos que no sean capaces de buscar nuevas fuentes de prosperidad cuando se agoten aquéllas en las que han venido basando su crecimiento.

La generación de nuevo conocimiento ha probado también su capacidad de combatir otra supuesta maldición, en este caso la de las “commodities”, que América Latina conoce muy bien. Hace unos años la revista “The Economist” se hacía eco de cómo una “industria del conocimiento”, la alta cocina peruana, ha logrado, gracias a su expansión mundial, revalorizar los productos hortofrutícolas y alimentarios de ese país.

El valor añadido y la demanda diferenciada procedente de este creciente y exigente sector a nivel global ha hecho que las distintas variantes de patata, maíz o quinoa peruanos dejen de ser “commodities”, y se conviertan en productos más competitivos.

Ésta es la gran oportunidad que tiene ante sí Iberoamérica, si quiere alcanzar los objetivos de la XXVI Cumbre Iberoamericana y convertirse en una región próspera, inclusiva y sostenible. Ser capaz de decidir en qué sectores estratégicos para la región, como pueden ser los relacionados con las políticas de desarrollo o la protección del medioambiente, debemos concentrar nuestros esfuerzos a favor de la innovación.

Porque la innovación es una actividad intensiva en recursos materiales y humanos, y exige que éstos últimos tengan una elevada cualificación. Se trata de un reto que muy pocos países pueden abordar de manera individual y, en consecuencia, una gran oportunidad para seguir construyendo comunidad iberoamericana. Por ejemplo, mediante la creación de redes universitarias temáticas, que ofrezcan títulos conjuntos de calidad y posibilidades de movilidad a sus estudiantes e investigadores; que lleven a cabo proyectos de investigación en común y que aborden desde la colaboración el reto de la transferencia del conocimiento nuevo que sean capaces de generar.

Es una etapa educativa en plena expansión en Iberoamérica y eso la ha convertido en una política pública prioritaria, no en un mero asunto académico, que exige un enfoque más actual, tal y como se ha expuesto. De este modo la OEI demuestra su propia capacidad de innovación a la hora de seguir cumpliendo con su mandato, después de 70 años al servicio de la educación, la ciencia y la cultura en Iberoamérica. Entendemos que éste es el camino para conseguir realmente que Iberoamérica sea una región próspera, inclusiva y sostenible.

EFE

Comments

Comments are closed.