El diputado a la Asamblea Nacional y miembro de la Comisión de Finanzas y de Desarrollo Económico, Stalin González, habló en una entrevista con Contrapunto sobre el futuro político de Venezuela, argumentando que la “sensatez es lo que puede destrancar el juego” político en el país.

Además de expresar la necesidad de cambiar de Gobierno para salir de la crisis, enumeró los problemas de la dirigencia opositora, expresando que no se tiene confianza en esta y “así no hay como avanzar”.

A continuación la entrevista completa publicada:

—¿Cuál es la ruta en este momento para el país? ¿Ni siquiera para la oposición, para el país? ¿Cómo la ve como dirigente joven?

—Yo creo que el objetivo es salir de la crisis.

—¿Salir de la crisis es salir del gobierno?

—Necesariamente para cambiar el modelo hay que cambiar de política, y como el gobierno no va a cambiar de política, hay que cambiar de gobierno. Esa ruta pasa por entendernos y reconocernos. Tenemos que entender que hoy es mayoría el sentimiento opositor; no la oposición como organización, sino el descontento.

—¿El descontento, pero no la oposición?

—Sí, no los partidos. Hoy lo que llamaban la MUD no tiene la mayoría del país, pero la mayoría del país no está de acuerdo con lo que está ocurriendo. Tenemos que reconocer que el gobierno existe, el chavismo es una fuerza que está ahí. Hoy es poco menos de un tercio del país, pero existe. Tenemos que reconocerlo. Yo creo que parte del problema ha sido no reconocerlo. Entonces, primero reconocer para poder avanzar. Dos, después de que nos reconozcamos, encontrar un entendimiento de todo el país. Forzar al gobierno a que entienda que el país quiere cambio y que la sociedad decidió romper con ese proyecto. Ahora, eso amerita presión, unidad, decir las ideas que tenemos, decir cuál es nuestra visión, por qué estamos en desacuerdo y cómo creemos que deben ser las cosas y presionar al gobierno para que abra la puerta para que pueda haber camino.

—¿Qué sería abrir la puerta en su opinión?

—Abrir la puerta a los escenarios democráticos, a que podamos ir a una elección.

—Pero acaba de ocurrir una elección el 20 de mayo, el presidente Maduro puede decir “yo abrí la puerta”.

—Yo sé qué es lo que dicen y eso es lo que se conoce por ahí en esos intentos de construir un posible diálogo, negociación. Pero todos sabemos que esa elección no fue… El 20 de mayo no está en la mente del venezolano; esa elección no existió. Y hoy, ¿cuál es papel de la comunidad internacional? Yo no creo que nos van a invadir los marines, para lo que presiona en sus declaraciones la comunidad internacional es para buscar un entendimiento y que haya una elección.

Yo no creo que nos van a invadir los marines, para lo que presiona en sus declaraciones la comunidad internacional es para buscar un entendimiento y que haya una elección.

—Es decir, ¿buscar el entendimiento y crear las condiciones para que haya una elección presidencial o una elección general?

—Yo creo que en principio una elección presidencial, pero yo no le tengo miedo a una elección general; eso es parte de lo que tienes que acordar. Solo que es más fácil lograr una que lograrlas todas.

—¿Eso debería ocurrir antes del 10 de enero?

—Debería, pero no creo que sea factible en el tiempo. Creo que el 10 de enero va a ser una fecha importante, y con esto no quiero decir que el 11 de enero la situación va a cambiar y Maduro no va a estar en el poder, no. Pero creo que vamos a saber de verdad qué tanto es la presión internacional. Una cosa es lo que va a ocurrir con los entes multilaterales, OEA, Unión Europea y todas las decisiones y declaraciones que va a haber sobre el tema Venezuela, y otra son las relaciones bilaterales entre los países.

—¿Por qué marca la diferencia? ¿Porque hay una serie de mitologías sobre que Maduro no va a poder salir del país y cosas así?

—Puede haber decisiones multilaterales sobre eso. Por ejemplo, el Protocolo de Ushuaia: Venezuela puede quedar fuera del Mercosur. En abril vamos a quedar fuera de la OEA si Maduro sigue gobernando porque decidió salirse. Puede haber más presión de la Unión Europea. Ahora, las relaciones bilaterales de los gobiernos con el gobierno de Venezuela, yo no las veo tan rotas; puede que bajen los niveles, que retiren embajadores, que tengan todavía encargados de negocio. Pero para los países, y para nosotros mismos los venezolanos, creo que es mucho mejor que esas representaciones diplomáticas sigan estando en el país y sigan teniendo sus oficinas aquí y vean lo que está pasando; que no rompan relaciones y cierren las embajadas. Lo que sí creo que va a pasar es que esos países van a exhortar a sus empresarios, es decir, va a venir un tema financiero mucho más duro de lo que hay.

—¿Es por dónde cree que pueda haber presiones?

—De hecho, ya están pasando. Yo no conozco bien a profundidad, ni tengo el detalle, pero me llama la atención lo que está pasando con el oro en Inglaterra. Esas sanciones, por lo que yo he leído, solo se le aplicaron a Gaddafi, pero allí había una guerra.

Alguien tiene que ser garante del acuerdo, porque nadie le cree al gobierno.

—Hablando de las sanciones: que la oposición le diga a la comunidad internacional que levante las sanciones a cambio de que el gobierno haga tales y tales cosas, ¿se lo han planteado?

—Eso es parte de un proceso de negociación y por eso siempre se ha planteado que haya garantes. Alguien tiene que ser garante del acuerdo, porque nadie le cree al gobierno. Por eso siempre hemos solicitado que estén cancilleres, porque alguien tiene que ser garante del acuerdo. En un acuerdo entre oposición y gobierno no hay garantía de que eso se vaya a cumplir.

—¿Qué entiende usted, a título personal, como garantes?

—Yo creo que hay que construirlo entre las dos partes. Por ejemplo, países del Grupo de Lima serían unos buenos representantes para la oposición, para el pueblo venezolano; no sé quién podría ser por el gobierno. A lo mejor la Unión Europea podría ser más mediadora, ya que no está en el continente. Hay que prepararse para la negociación y allí es donde creo que se han cometido errores, la oposición no se ha preparado lo suficiente.

—¿Qué implica, en su opinión, prepararse para una posible negociación?

—Aquí se intenta poner un dilema en la oposición que no es cierto. Están los muy radicales de Twitter, porque además no son los radicales del 60 que se fueron para la montaña; son radicales que se sientan en el teclado, que dicen que la salida tiene que ser ya, con la fuerza, con la calle. Y el otro extremo dice que hay que sentarse a negociar ya con el gobierno. Son dos extremos y es un falso dilema. No hay negociación posible sin esfuerzo, y parte de lo que pasó en 2017, el error fue creer que con las marchas íbamos a salir del gobierno. En el momento de más fuerza debimos haber abierto la puerta para un proceso de negociación y no esperar a diciembre. Tienes que negociar cuando tienes fuerza, no puedes negociar cuando estás débil; por eso digo que no se apresuren. Yo creo que aquí los esfuerzos tienen que ser por recomponer la unidad, porque una oposición dispersa y fragmentada, ¿en nombre de quién habla? Tienes que hacer un esfuerzo por recomponer la unidad y entender que esas dos visiones que hay son complementarias. La fuerza, el tema de la protesta, de la organización, del planteamiento que se hace de un lado es complementaria con el otro. La fuerza y la negociación solas no van a llegar a ningún lado; tienes que tener con qué presionar, con qué negociar.

—Pero la oposición no tiene en este momento como ejecutar ambas, o por lo menos no pareciera.

—Eso es parte de que no hay dirección política. No puede ser que dejemos pasar esto. Hoy el gran punto es recomponer la dirección política de la unidad.

La unidad en la oposición ha avanzado en un plan país, una visión compartida de país que se está trabajando

—¿Cómo se recompone la dirección política de la unidad opositora, en su opinión?

—Desde el 2007 mucha gente nos habla de que los jóvenes tenían que crear un partido nuevo. Han pasado 11 años y yo no creo que ese sea el debate; no creo que el debate sea entre jóvenes y viejos. Creo que el debate es sobre posiciones políticas y confianza, y hoy la dirigencia opositora no se tiene confianza y así no hay cómo avanzar. Por eso es que yo hablo y he hablado de la renovación de la dirigencia, pero no significa que dejemos en el olvido todo lo que se ha hecho, que no le reconozcamos a cada quien el trabajo. Pero tiene que haber una renovación y una ampliación de la dirección política.

—¿Cómo se renueva y se amplía la dirección política?

—Primero hay una discusión que tienen que hacer los partidos en lo interno; y dos, los que pensamos parecido debemos tener más espíritu de grupo. Nosotros hemos tenido esa discusión y no está en nuestro planteamiento hacer un partido nuevo, hacer una fractura. Hay que renovar la dirección porque hay que tener confianza y hay que rescatar la credibilidad. Hoy la gente no nos cree a los políticos, a unos más que a otros. Nosotros tenemos que hacer un esfuerzo por presionar para que haya confianza, rescatar la credibilidad y mostrar una ruta.

—Usted dice que para la renovación hay que empezar por hacer una discusión interna. ¿Cuál sería el siguiente paso, luego de esa discusión?

—Yo creo que hemos avanzado, la unidad en la oposición ha avanzado en un plan país, una visión compartida de país que se está trabajando, que la hemos presentado en algunos sitios.

—¿El chavismo molesto con Maduro la comparte?

—Estamos trabajando con ellos buscando consenso, y eso es parte del debate del frente y queremos debatirlo con ellos porque creo que tenemos más puntos de encuentro que de desencuentro. Evidentemente, habrá visiones en las que hay que buscar el consenso, no imponerlas. Pero ves que se ha avanzado a pesar de todos estos problemas que han ocurrido esta semana en la oposición. Eso ha seguido caminando, porque quienes estamos trabajando en ello nos conocemos hace mucho tiempo, no tenemos esos prejuicios de nuestros hermanos mayores y en parte es una demostración de que allá arriba no hay confianza. ¿Por qué en otras cosas no avanzamos? Es un problema de actores, tiene que haber un cambio de actores.

—Por ejemplo, ¿tiene que haber una renovación en la directiva de los partidos?

—Tiene que haberla, es que está desgastada. Parte del ejercicio de la política es no encasillarse, y se los he dicho a algunos de ellos: ustedes no pueden hacer lo que les pasó a ustedes en su momento: las reelecciones de Carlos Andrés Pérez y Caldera mataron a una generación política, y con ello a la democracia. Como consecuencia surgió Chávez, que no fue un invento: fue el sentimiento de la gente que estaba cansada de lo que estaba ocurriendo. Estamos hablando de dos presidentes que habían sido presidentes 15 años antes y volvieron, y eso castró a una generación que no pudo llegar al poder.

—¿Y eso usted piensa que debe ser el acto de contrición de los partidos?

—Claro, ellos no pueden hacer lo mismo que les hicieron a ellos.

—Entonces, debería haber una renovación de las autoridades de los partidos. ¿Y luego?

—Empezar de nuevo, todo va a empezar a fluir mejor.

—¿Fluir mejor entre quienes: la oposición o entre la oposición y el gobierno?

—Yo creo que entre la oposición. Ya el tema con el gobierno hay que llevarlo distinto. Pero al tener una dirigencia renovada, que pueda ganarse la credibilidad de la gente, que no deje de nuclear ese 80% que hoy no logra nuclear la dirigencia, la relación con el gobierno será distinta. Hoy tú vas a un proceso de negociación con el gobierno y vas en desventaja, pero tienes que ir por lo menos en iguales condiciones.

—¿Ese es un proceso que, si hubiese acuerdo en la oposición, debería hacerse en cuánto tiempo?

—Rápido. Lo peor que nos puede pasar es que se consolide la idea de Maduro seis años más. Tienes que salir de esto rápido para poder enfrentar el problema más grande.

La Asamblea Nacional no puede ser la cabeza de un partido político. Cuando entendamos la responsabilidad que tenemos como poder público, veremos las cosas distintas.

—¿Si el presidente Maduro se consolida seis años más también es responsabilidad de la oposición?

—Claro, lo que está en juego es el futuro. Yo no quiero vivir toda mi vida así. No es posible que nosotros tengamos que vivir encerrados. Todas mis fotos de niño son en el centro de Caracas y hoy yo no puedo llevar a mi hija al centro de Caracas.

—¿Usted no imagina seis años más del gobierno del presidente Maduro?

—Yo no me voy a poner en esa fase de que este país no aguanta más, pero va a ser mucho más difícil reconstruir el país mientras Maduro siga en el gobierno porque no da señales de cambio de nada. Por ejemplo, lo que está haciendo con el arco minero, el daño que le van a hacer al planeta Tierra por querer quedarse en el poder, porque es territorio venezolano pero ahí está el pulmón más grande del planeta. Si hablamos de ese tema podemos ver de lo que son capaces por quedarse en el poder.

—Entendemos, por lo que dice, que en este momento la oposición no está en condiciones de sentarse a dialogar exitosamente con el gobierno.

—Yo no creo. Tienes que construir fortaleza y para eso tienes que tener unidad, mostrar coherencia con el plan, recatar la credibilidad de la gente y mostrar la ruta. Por eso es que yo digo que hemos avanzado en el plan país. Por ejemplo, el tema de la Asamblea Nacional es un tema importante. Nosotros pudimos haber hecho más por evitar que pasara lo que pasó el martes (votación sobre Rodríguez Zapatero); yo no veo la necesidad de eso, creen que le están haciendo un favor a la gente publicando la lista de quienes votaron de una forma u otra.

—¿Qué piensa de la publicación de la lista?

—En lugar de pasar la página, se cometió un error en términos de no ponernos de acuerdo, y en vez de dejar que las heridas se cierren, no, se mete más el dedo en la llaga para que se abra más. Eso lo hacen quienes están interesados en que no haya unidad. Hay unos y unas que creen que van a salir de esto solos.

—Todo quedó como una diferencia entre “los embraguetados” y “los colaboracionistas”. ¿Está de acuerdo con ese dilema?

—No. Primero, que lo que se votó no es lo que ellos andan diciendo. Nunca estuvo en el debate de la Asamblea declarar o no persona no grata a Zapatero; ese debate, que es al que se le hace propaganda, nunca estuvo. Yo creo que hay que enfrentar políticamente esas actitudes, pero yo hoy prefiero llamar a la unidad.

—Decía que está trabajando en una parte en el plan país, refería también el peso de la Asamblea Nacional como parte de esa hoja de ruta.

—Sí, y que parte de la unidad es no dejar que se quiebre el acuerdo.

—¿Por qué lo dice?

—Porque estas heridas, más allá de cerrarse empiezan a afectar lo que nos queda de unidad. Más allá de todos los problemas hemos llevado la Asamblea en paz, y hemos llegado a acuerdos en muchas cosas; es un poder público. La Asamblea Nacional no es la Mesa de la Unidad, no es un partido político: son decisiones políticas de un poder público las que toma, que tienen implicaciones, que tienen acción legal, que pueden ser usadas y aquí quieren que se comporte como si fuera un partido político y que no importa lo que digas. No, hay temas que tienen implicación legal y son muy susceptibles. La Asamblea Nacional no puede ser la cabeza de un partido político. Cuando entendamos la responsabilidad que tenemos como poder público, veremos las cosas distintas.

—Entonces, esa hoja de ruta, plan país, institucionalizar la Asamblea Nacional, ¿qué más?

—Esto tiene que ayudar a rescatar la credibilidad. Hay que organizar, tenemos que fortalecer el Frente Amplio como un punto de encuentro.

—¿No se ha burocratizado el Frente Amplio?

—Yo creo que es una buena idea que se ha llevado un poco mal y hay que mejorarlo. Creo que esta idea de los congresos estadales va a ayudar a dinamizar y legitimar a la dirección, porque también es un problema: tienes una asamblea ahí que toma decisiones de 30 o 40 personas y no puedes hacerlo distinto mientras no tengas un proceso que legitime a esa dirección, y ese congreso de noviembre va a ayudar a legitimar la dirección y que sea un sitio de encuentro. Nosotros queremos que en los congresos estadales participe todo el mundo, hay quienes todavía se resisten porque creen que solos o solas van a resolver el tema. Pero, allí hay un sitio de encuentro donde está una parte de ese chavismo disidente y ojalá venga la otra parte disidente que aún no está porque ¿qué nos une ahí? ¿Cuál es la declaración del Frente? Que haya una elección, que se respete la Constitución, rescatar el voto como herramienta de lucha del pueblo venezolano.

—Pero no van a participar en las elecciones del 9 de diciembre.

—¿Con esas condiciones cómo vas tú? ¿Con un CNE que no ha sido renovado, que actúa de la manera que actúa?

—¿No es un error para la oposición perder esa oportunidad? La oposición va a perder los Concejos Municipales.

—Yo no critico a quien vaya y entiendo a los alcaldes que están haciendo lo posible por mantener la mayoría de sus Concejos Municipales; no crucifico a nadie. Tengo amigos concejales y ayudaremos a algunos en términos personales. Pero es necesario rescatar el voto. Para mucha gente hoy el voto no es una salida. Por culpa nuestra también, porque una cosa es que digas “yo no participo en esas condiciones” y luches porque haya mejores condiciones, y otra cosa es decir “se cerró la vía electoral”, porque, ¿cuál es la salida entonces? ¿Cómo cambiamos esto? Está la tesis está del gobierno paralelo.

—¿Eso funciona? ¿Qué piensa de eso?

—¿Quién lo elige? El TSJ en el exilio es un tema más profundo, jurídico. Nosotros elegimos a 12 magistrados que son casi la mitad del TSJ completo y ellos mismos se han encargado de que la gente les pierda el respeto porque utilizaron eso para perseguir a gente de la oposición e inventar cuentos. El caso Odebrecht hizo que dos presidentes de Latinoamérica salieran del poder, cantidad de ministros y funcionarios presos. Este es el único país donde no hay ni siquiera investigación, y en vez de utilizar eso para hacer una investigación, para desmontar todo lo que dice el gobierno, para dar a conocer todo lo que hizo el gobierno, se inventa un cuento para dañar a la misma oposición.

—¿En todo caso habría que investigar todo?

—Sí, que lo investigue, pero no puedes inventar unos cuentos de esa manera porque la gente te pierde confianza y credibilidad. El tema del gobierno paralelo… Mi lucha es porque los venezolanos podamos elegir. Además, ¿quién lo va a nombrar? Cien personas encerradas en la Asamblea Nacional, y además eso no tiene cabida en la Constitución. Mi lucha es porque se restablezca el orden constitucional, porque aquí desde el año 2017 se rompió el orden constitucional y por eso el Grupo de Lima existe y por eso ha habido tantos debates en agenda sobre Venezuela en la OEA. Entonces, si esa es mi lucha, que se respete la Constitución, que haya separación de poderes y elecciones justas, mi respuesta a eso no puede ser nombrar un gobierno paralelo encerrado en la Asamblea Nacional.

—Todo está trancado. ¿Quién destranca el juego y de qué manera?

—Yo creo que la sensatez es lo que puede destrancar el juego.

—¿Usted cree que la sensatez es la que destranca el juego político?

—Claro, es que no puedes tener miedo. Yo por ejemplo –y hay gente que lo acusa a uno y quiere ocultarlo, pero yo no lo oculto- tengo amigos en el gobierno, conocidos; gente que estudió conmigo y amigos de mis padres y he hablado con ellos. Hablas en privado con ellos y te reconocen muchas cosas, pero en lo público es otra cosa. Alguien tiene que dar el paso, tenemos que prepararnos y ser maduros para eso- Pero también tiene que dar muestras el gobierno de que quiere un acuerdo y que de verdad está dispuesto a dejar que los venezolanos decidan, porque la negociación no puede ser “yo me quedo hasta el 2024 y te perdono la vida”. Porque eso es más o menos lo que ofrece el gobierno o es lo que dice. Esos no pueden ser los términos.

—¿Quién debe dar el paso? ¿Usted esperaría que alguien del gobierno dé el primer paso?

—Lo primero que hay que hacer es construir la unidad para saber en nombre de quien hablas.

—Si Maduro dijera “está bien, suelto los presos políticos, y ahora ¿con quién hablo?”.

—Hay que reconstruir la unidad, ese es el problema que tienes hoy. Sin unidad es muy difícil avanzar. ¿Cómo vas a una elección? Maduro dice “está bien, vamos a ir a elecciones, yo convoco a una elección el 9 de enero”, y si no hay unidad, ¿cómo tomas esa decisión. La unidad es un punto transversal en esta ruta. Lo peor es que mientras todo eso pasa hay un país que está pasándola mal, que no ve alternativas y eso lo aprovecha el gobierno. Por eso debemos trabajar en lo del plan país, mostrar esa visión y presionar para que haya más unidad.

—Vamos a lo del CNE. ¿Cómo se ponen de acuerdo para nombrar un nuevo CNE, que pareciera ser el primer paso de todo? Eso implica un acuerdo político.

—En República Dominicana una de las cosas que planteaba el gobierno era que estaba de acuerdo en reconocer que hay dos rectores que están vencidos, pero que debía nombrarlos el TSJ. ¿Por qué, si está la Asamblea y eso es potestad de la Asamblea? Yo tengo que buscar un equilibrio en esa designación, eso es parte del acuerdo, no me puedes obligar a renunciar a mi potestad. Eso es lo que plantea el gobierno: “Sí, yo reconozco la Asamblea, pero no va a designar el CNE”. Entonces no me está reconociendo nada. Porque reconocer la Asamblea no es solo que me mande un presupuesto, que es su deber; es que reconozca todas las competencias.

—El juego está trancado hasta para nombrar el CNE, que es lo que podría destrancar el juego.

—Eso es parte de una negociación, y mientras no la haya estamos hablando de supuestos. Yo invito a la gente para que lea las declaraciones de la comunidad internacional. Cuando te llama a que la salida de Venezuela es una salida política, negociada, electoral, ¿cuál es el punto del que está hablando? Estás llevando a que se haga una elección. Ahora, esa elección debe tener garantías de imparcialidad. No puede ser con este CNE; si eso no cambia, esto va a seguir así.

—Pero la oposición no es una amenaza para el gobierno. Es decir, el gobierno puede seguir seis años más con todas las críticas.

—No lo sé. Yo creo que el gobierno también tiene sus problemas internos, creo que el juego está cambiando. Después de fracturar a la oposición pareciera que para seguir avanzando iba a resolver el problema económico. Las sucesivas declaraciones sobre el 10 de enero como una fecha que pone en tela de juicio la legitimidad de origen de Maduro en el ejercicio del poder han aumentado estos rumores de negociación y de querer habla; esos rumores han venido después de las declaraciones de la reunión de cancilleres de la Unión Europea, que han dicho que después del 10 de enero hay un problema de origen, y si lo hay.

—Pero hay una fábula sobre el 10 de enero también porque hay una idea de que el 10 de enero algo mágicamente se va a llevar al gobierno.

—Evidentemente si hoy fuera 9 de enero Maduro haría un acto para legitimarse, pero eso tiene un problema con la comunidad internacional. Por eso te digo, por la presión de la comunidad internacional va a haber y claro que va a tener consecuencias; ahora, no es la consecuencia de lograr la salida. Quienes vamos a lograr la salida de Maduro somos los venezolanos, y yo apuesto porque sea por la vía electoral. Hay otros que creen que va a pasar otra cosa, yo no sé qué otra cosa. Creo que la vía electoral es la que tiene más consenso.

Quienes vamos a lograr la salida de Maduro somos los venezolanos, y yo apuesto porque sea por la vía electoral. Hay otros que creen que va a pasar otra cosa, yo no sé qué otra cosa. Creo que la vía electoral es la que tiene más consenso.

—¿Qué expectativas tiene con los congresos del Frente Amplio, los regionales y el nacional?

—Primero, es un encuentro de la dirigencia partidista, vecinal, organizativa y con la inclusión de ese chavismo disidente, en unos estados más y en otros menos. Es la primera vez que la oposición discute con un sector ajeno a ella después de tanto tiempo. Habrá más debate, y tienes que debatir. Va a haber gente del chavismo y eso te demuestra cómo sería un gobierno de la oposición: nosotros no vamos a estar persiguiendo a nadie. Este es un tema de rescatar a la gente, los valores, el respeto, la palabra; rescatar el acuerdo, que son valores que en la política hoy se han perdido. Lo otro fundamental es que salga ese consenso del plan país: ¿Qué va a pasar el día después que logremos el cambio qué tenemos que hacer? Y ojalá salga fortalecida una dirección política de allí.

—Que no es la de los partidos de oposición sino del descontento.

—Claro, porque es papel de los partidos rescatar que ese descontento se convierta en militantes, en simpatizantes,. Hoy no lo es: hoy la gente está en contra de Maduro pero eso no quiere decir que está con nosotros, con los partidos.

—¿Dónde va a ser el congresillo?

—En cada estado, y aquí en Caracas va ser el 17 de noviembre en el Colegio de Ingenieros. El nacional es el 23 de noviembre y va a ser en el Aula Magna de la UCAB.

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