De acuerdo con un trabajo realizado por el medio digital Crónica Uno, oficios tradicionales de venezolanos están muy cerca de dejar de ser una opción para los mismos, debido a la crisis económica, a la falta de repuestos y a la carestía de los artículos que se necesitan para “matar un tigrito”.

Otro tipos de oficios han desaparecido como causa de la depresión económica. Ya no se consiguen personas que le “metan mano” a la electricidad o a la limpieza de casas, como en otrora existían.

Según datos ofrecidos por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, el trabajo formal pierde importancia como principal fuente de ingresos y en paralelo mototaxistas, chicheros, quiosqueros y manicuristas, entre otros, deben cambiar de oficio empujados por la crisis económica.

Si algo abundaba en la capital eran las esquinas llenas de mototaxitas. Sin embargo, la crisis del efectivo y la carestía de los repuestos ha estrangulado el servicio.

“De 15 pueden quedar seis, ocho. Algunos tienen las motos dañadas, no pueden comprar cauchos, otros se fueron del país” señalan mototaxistas.

De acuerdo con el medio, la hiperinflación galopante también acaba con las tradiciones. Hasta el chichero de la Universidad Central de Venezuela, se vio afectado por la misma.

“Desde 1958 estuvo el chichero de la UCV. Desde Wolfgang Larrazábal hasta Chávez. El socialismo acabó con el chichero y la chicha del reloj de la UCV. Ucevistas y la sociedad en general han perdido parte de su patrimonio histórico”, escribió en su cuenta twitter, el diputado José Guerra.

Según Alfredo Padilla, director general de la Asociación de Trabajadores, Emprendedores y Microempresarios (Atraem), informó que en la actualidad los vendedores de dulces criollos, que estaban autorizados por las alcaldías para expender, se transformaron en cualquier otra actividad distinta a su rubro tradicional.

En el caso de los oficios particulares (en donde entran los plomeros, albañiles, costureros, panaderos artesanales, peluqueras domiciliarias) que son cerca de 7 millones de personas y que están en el eslabón más bajo de la economía, la repercusión es más fuerte. “La desaparición de material y el problema con el transporte los contrae y ya no prestan el servicio con frecuencia”, señala el director de Atraem.

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