La crisis económica en Venezuela ha creado mercados y actores insólitos, para el país rico de años atrás, ahora necesarios en una población que se las ingenia y sobrevive.

“Tuve que improvisar en esta crisis”, dijo José Ramírez a Bloomberg, de 31 años, quien siempre tuvo la habilidad de arreglar cosas y ahora repara y revende bombillos. Es una cadena de la crisis, personas que necesitan dinero venden por 30 bolívares cada uno de los bombillos que antes iban a la basura.

Ramírez los compra en efectivo y los revende por 100 bolívares, un margen de ganancia considerable, pero aún por debajo de los 400 bolívares que cobran por uno nuevo y que muchos no pueden pagar.

Con pocos venezolanos capaces de comprar algo nuevo, los negocios de reparación se han proliferado. Las costureras y los zapateros se han mudado a tiendas que alguna vez vendieron ropa y zapatos nuevos. A medida que miles de personas salen del país, los anuncios en las calles ofrecen comprar oro y plata o fundirlo en algo nuevo. Una locura por la criptomoneda tiene a personas que usan computadoras día y noche, aprovechando la electricidad prácticamente gratis para “extraer” las fichas. Algunos viven completamente obteniendo citas imposibles en agencias gubernamentales o convirtiendo los bolívares en dólares a través del arbitraje en el mercado negro.

Yhoan Guerrero, de 33 años, trabajó como paramédico en Caracas hasta que no pudo vivir con el salario. Luego, notando el alza en el precio de los neumáticos, el padre de uno aprendió a coser, parchar, rellenar y dar forma a los neumáticos rotos y ahora produce casi cuatro veces más. Él llama al proceso “cirugía completa de llantas”.

Con un colega, realiza alrededor de siete cirugías de llantas al día en una tienda del tamaño de un garaje en el oeste de Caracas, todo mientras hace malabares con reparaciones más simples. Una cirugía promedio costará alrededor de 1.000 bolívares. Este monto representa menos de 8 dólares, mientras que los neumáticos nuevos cuestan aproximadamente 60 dólares.

“Con el país como está, nadie puede permitirse un neumático nuevo. He construido una clientela leal en los últimos siete meses. No quieren que nadie más toque sus neumáticos”, dice Guerrero al referido medio. Cuando la gente le pide una solución más barata, él llena sus neumáticos con espuma plástica y la funde con gasolina; Otras veces usa aserrín y jabón líquido. “Los pone en movimiento otra vez”.

Para Geoffrey Jones, profesor de historia empresarial en Escuela de Negocios de Harvard, la escasez en Venezuela se agrava, a diferencia de casos como la Unión Soviética o China, por el control estatal y la baja de la actividad empresarial. Alerta que los industria privada “en algunos casos, en realidad es lo que ha mantenido los lugares en marcha. Ves regímenes que tienden a tolerarlos, porque saben las consecuencias para ellos si no lo hacen”.

En tanto, el historiador Tomas Straka, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, dice que en estas actividades emergentes hay “un nuevo fenómeno en las peores circunstancias” de venezolanos que antes “no tuvieron que luchar para sobrevivir”.

Para leer el reportaje original en inglés, pulse aquí.

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