Tomás Páez Bravo, sociólogo, se ha convertido en toda una autoridad para hablar del fenómeno migratorio venezolano, ya que desde hace aproximadamente cinco años, optó por estudiar una situación que para él es inédita: cómo Venezuela pasó a ser un receptor de inmigrantes italianos, españoles, libaneses, sirios, colombianos, a uno de emigrantes. “Por primera vez Venezuela estaba exportando venezolanos y era necesario conocer las razones de lo que estaba pasando”, explicó.

Así nació La Voz de la Diáspora Venezolana, un estudio que ya completa varias ediciones y que se ha convertido también un programa de radio semanal que se transmite por Internet, y que permite a los venezolanos conocer qué están haciendo sus hermanos en los distintos países y empezar a conectarse.

En sus estudios, ha recogido diferentes informaciones acerca de la magnitud y las características del migrante venezolano, donde ha descubierto sus motivaciones para emigrar, las dificultades que han enfrentado, las razones para escoger el país de acogida y sus expectativas de regresar. Todo este insumo y su experiencia le permiten expresar dos premisas frente al tema de la migración:

La primera de ellas es que las diásporas en el mundo siempre son buenas, ya que a su juicio, aportan conocimiento, una nuevas cultura, nuevas formas de ver y hacer las cosas.

La segunda, las diásporas siempre disminuyen la pobreza global y terminan beneficiando no solo al migrante, sino también al país de llegada y al país de origen.

Por eso, es tajante al aseverar que alrededor de la migración se han dicho muchas mentiras: que deprimen los salarios, que restan fuentes de trabajo, que llenan las escuelas, los hospitales, las cárceles y que ponen en juego la seguridad nacional.

Venezuela es el mejor ejemplo de cómo la emigración ayudó al crecimiento. Por eso la diáspora no es el problema, es parte de la solución”. explicó.

Este venezolano ha recorrido el mundo contactando a sus paisanos que han emigrado, pero también hablando de este fenómeno que tiene al mundo entero con los ojos puestos en un éxodo que, por sus cifras, ya es comparable con el de Siria. Según lo reseñado por La Opinión.

En Venezuela han llegado 300 mil italianos en la década de los 50, pero ellos llegaron sin nada y a trabajar, por lo que cuando un migrante llega, inmediatamente tiene que comer, eso moviliza el empleo y el consumo. Toda inmigración desde el momento en que llega produce efectos positivos. Pero además llegan desesperados así que tiene que inventarse la forma de sobrevivir entonces emprende. El 20% de los venezolanos que han emigrados en el mundo ha emprendido negocios.

Asimismo, dijo que cuando llegaron ciudadanos del país vecino, Colombia, el aporte de ellos fue inmenso, ya que aunque no llegaban invirtiendo, estaban dispuesto a trabajar y a producir.

Los migrantes no solo producen, sino que todos tienen que comer algo, ese algo paga Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA), lo que va para el presupuesto, por lo que ya viene siendo un aporte. Ese señor tiene que inventarse algo, vender cualquier cosa, y eso implica una cadena de producción. Y otra cosa importante: generan remeses. Por lo que existe suficiente documentación sobre eso y casos que demuestran esta tesis.

En este sentido, el profesional dijo que España, el 14% de su población es inmigrantes y eso renueva la fuerza de trabajo, eso hace que mucha gente se encuentre trabajando y produciendo para poder pagar la seguridad social. Por su parte, Estados Unidos, estos mitos se usaron contra Alemania, después contra los irlandeses y luego con los mexicanos, pero resulta que los aportes de los mexicanos en EEUU, son impresionantes.

Sin embargo, Bravo explicó que estos mitos se propagan con una intención perversa, que es lo que esta ocurriendo actualmente en Italia con la inmigración que viene del norte de África, o en Suecia. La inmigración siempre es buena.

De igual manera, añadió que la decisión de irse o quedarse en Venezuela es muy individual, por lo que dijo que se encuentran personas de todo tipo.

“Según datos de nuestro estudio, en el 2015, el 90% de los que se han ido tienen grado universitario, el 40% tenía al menos una maestría y el 12% doctorado o posdoctorado. Y en términos de perfil, el 20% eran emprendedores y el 64% empleados de todo tipo, desde gerentes hasta mesoneros. Y el 14% estudiantes”, explicó.

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