Este viernes se cumple el primer aniversario de la publicación de las informaciones del diario “The New York Times” que destaparon el amplio historial de abusos sexuales del productor Harvey Weinstein y que fueron el detonante del movimiento feminista #MeToo.

Un año después de las primeras acusaciones de abusos sexuales contra Weinstein y la batalla por la confirmación como juez de la Corte Suprema de Brett Kavanaugh, acusado de haber intentado violar a una joven cuando ambos eran adolescentes, mostró que el #MeToo no se desinfla, sino todo lo contrario.

En los primeros meses, cuando los testimonios más crudos de abusos sexuales cometidos por famosos actores, periodistas, fotógrafos de moda, chefs o políticos se sucedían en los medios, nadie dudaba de que las leyes contra el acoso sexual se endurecerían y que las empresas harían hincapié en educar al personal para prevenir todo incidente.

Pero la polarización continúa. Donald Trump se burló el miércoles en un mitin en Mississippi de la acusadora de Kavanaugh, Christine Blasey Ford, imitándola, el público le aplaudió. La oposición expresó su indignación, al igual que los republicanos moderados.

El presidente denunció “una época muy atemorizante para los hombres jóvenes en Estados Unidos: pueden ser culpables de algo de lo cual pueden no ser culpables”.

Acusado de atizar el fuego, Trump ya había conmocionado a muchos al jactarse de que podía agarrar a la mujer que quisiese “por el coño”, según un video grabado en 2005 y difundido durante su campaña electoral.

Ola de denuncias

Las mujeres se han animado a ventilar su rabia por acosos y agresiones que mantuvieron en silencio durante años, humilladas y sin creer que serían escuchadas. Pero ahora se les cree, se les escucha y apoya.

Estas son señales de que las cosas están cambiando. Este año, Bill Cosby, uno de los actores estadounidenses más famosos en el mundo, fue condenado por agredir sexualmente a una mujer en 2004 y sentenciado a al menos tres años de cárcel.

Pero “hay más cuestionamientos que vienen de personas que estiman que el movimiento fue demasiado lejos”, subraya Jeanne Zaino, profesora de ciencia política del Iona College en Nueva York.

“Aún estamos en una fase de denuncias”, dice. “Es preciso que las instituciones, las empresas trabajen mejor para instaurar reglas (…) y que las cosas puedan ser investigadas sin destruir carreras”, sostuvo.

Veinte años después del escándalo Monica Lewinsky, que casi termina en la destitución del presidente Bill Clinton, el #MeToo es sobre todo patrimonio de los demócratas, constata Jean Sinzdak, directora asociada del Centro para las mujeres en política de la Universidad Rutgers.

Weinstein, el monstruo

“La historia suena tan buena que quiero comprar los derechos para la película”: Harvey Weinstein reaccionó con esa arrogancia al artículo del New York Times que hace un año desmontó su imperio de abuso sexual.

No tenía idea de la magnitud que tendría esta historia publicada el 5 de octubre de 2017. Cinco días después, la revista The New Yorker agregó más leña al fuego con contundentes denuncias de violación, que se remontaban a décadas.

Así se fueron multiplicando las acusaciones contra quien fuera llamado un “monstruo”.

Ashley Judd, Gwyneth Paltrow, Kate Beckinsale, Uma Thurman y Salma Hayek lo han acusado de diferentes agresiones, desde acoso sexual a violación, como Asia Argento, Lucia Evans, Rose McGowan y Paz de la Huerta salieron de las sombras para compartir su dolorosa experiencia con este hombre que fue considerado un dios en la industria, con el poder de construir o destruir carreras en el mundo del entretenimiento.

Y se aseguraba de que sus víctimas lo supieran para obligarlas a callar.

Hasta ahora solo ha sido imputado ante la justicia de haber agredido sexualmente a tres mujeres. Weinstein, 66 años, se declaró “no culpable”. Si es juzgado y hallado culpable, puede ser condenado a cadena perpetua.

Hollywood ya lo condenó. Fue expulsado de la Academia del cine de Estados Unidos y The Weinstein Company (TWC), el estudio que fundó con su hermano Bob y que ganó 75 premios Óscar, terminó en la bancarrota y vendido a un fondo de inversiones.

Su matrimonio con la diseñadora de modas Georgina Chapman, con quien tuvo dos de sus cinco hijos, también terminó.

Indignación por Kavanaugh

En la víspera del primer aniversario del inicio del movimiento #MeToo, una marea de miles mujeres marchó el jueves hacia el Tribunal Supremo de EE.UU. para clamar contra el juez Brett Kavanaugh, el candidato de Trump, para esta corte y acusado de abusos sexuales.

Kavanaugh ha sido acusado de abusos sexuales por tres mujeres públicamente, entre ellas Christine Blasey Ford, quien la semana pasada acudió al Comité Judicial del Senado para narrar su versión de los hechos que supuestamente tuvieron lugar en 1982.

Miles de mujeres llegaron a la sede del alto tribunal en Washington para dejar claro que “Kavanaugh no es bienvenido” y que “las mujeres deben ser escuchadas”.

“La valentía es contagiosa”, “Parad a Kavanaugh”, “Kavanaugh se tiene que ir”, “No queremos violadores en la corte” y “Hay fuerza en la sororidad” fueron los eslóganes más recurrentes durante la marcha.

La confirmación o no de la candidatura de Kavanaugh se concretará este sábado, cuando está programado el voto final del Senado, donde hay una leve mayoría republicana con 51 de los 100 escaños. Los conservadores necesitan al menos medio centenar para garantizar la aprobación del juez.

Con información de Agencias

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