El juez Brett Kavanaugh, acusado de abuso sexual, se enfrentó este jueves a una avalancha similar de consultas invasivas por parte de senadores para evaluar si debe o no ser confirmado para ocupar un lugar en la Corte Suprema de Estados Unidos. 

“¿Alguna vez ha rozado o frotado sus genitales contra la Dra. Ford?”, le preguntaron a Kavanaugh en una audiencia extraordinaria del Comité Judicial del Senado después de que la profesora Christine Blasey Ford denunciara que trató de violarla en una fiesta de 1982, cuando eran estudiantes de secundaria.

“No”, respondió el juez de 53 años.

“¿Alguna vez cubrió la boca de la Dra. Ford con su mano?” La misma respuesta.

“¿Alguna vez ha participado en algún tipo de episodio sexual con la Dra. Ford?” 

Otro no.

Fue uno de los varios agonizantes intercambios durante la audiencia. Kavanaugh se encolerizó con el proceso y lo calificó de “desgracia nacional”. 

Se trata un drama incómodo, además de completamente inesperado, para la actual era tóxica de la política, en la que el propio presidente Donald Trump ha sido acusado por más de una docena de mujeres de mala conducta sexual, y hasta fue escuchado en una grabación diciendo que las mujeres le permitían “agarrarlas por el coño” porque él era famoso.

Kavanaugh, cuyo destino aún está pendiente porque la Comisión de Justicia del Senado vota este viernes si recomienda su candidatura a la Corte Suprema, dijo que el “circo” que rodea las acusaciones contra él equivale al “grotesco y coordinado asesinato de un personaje”. 

Incómoda coincidencia

Hace veinte años, el presidente estadounidense, Bill Clinton, tuvo que responder una insoportable serie de preguntas sobre su relación sexual con una pasante de 22 años (Mónica Lewinsky).

En ese entonces, el abogado que redactó la serie de preguntas incómodas fue el propio Brett Kavanaugh, quien fue contratado por el fiscal especial Ken Starr, designado para investigar las transacciones financieras de Clinton.

Dos días antes de que Clinton testificara ante un gran jurado sobre su relación con la pasante Monica Lewinsky, Kavanaugh le escribió a Starr un memorando diciendo que el mandatario no merecía ningún “respiro” en el interrogatorio a menos que “renunciara o confesara perjurio”.

Kavanaugh redactó 10 duras preguntas, varias sexualmente explícitas, para hacerle al entonces presidente.

“Si Monica Lewinsky dice que usted insertó un cigarro en su vagina mientras estaba en la Oficina Oval, ¿estaría mintiendo?“, escribió Kavanaugh en la nota, que fue publicada el mes pasado por los Archivos Nacionales.

“Si Monica Lewinsky dice que le proporcionó sexo oral en nueve ocasiones en la Oficina Oval, ¿estaría mintiendo?”

En ese entonces, Clinton también expresó su agravio por el interrogatorio que recibió sobre su aventura sexual y sostuvo que eran “preguntas que ningún ciudadano estadounidense querría responder”.

Al parecer el mundo dio la vuelta y está cobrando venganza sobre Kavanaugh.

AFP

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