El desayuno es la comida más importante del día y si quieres adelgazar, es imprescindible. Pero no todo lo que se come a esa hora del día es igual. Es probable que algunos alimentos no sean los correctos y esto sea lo que te está engordando y arruinando tu dieta.

Expertos recomiendan comenzar cada día con una combinación saludable de proteínas, grasas, carbohidratos, fibra y alimentos antiinflamatorios. Este paquete combinado no solo proporciona un gran aporte de nutrientes, sino que también te ayuda a evitar un estómago hinchado antes de las 10 de la mañana, reseña El Confidencial.

Pero, ¿cuál es ese alimento que nos ayudará a mejorar nuestro metabolismo y mantenernos en línea? El huevo.

“Siempre debes hacer que los huevos sean un alimento básico en la primera comida de la mañana”, dice Stacy Goldberg, nutricionista americana. Sugiere cocinar dos, enriquecidos con omega-3 con una cucharadita de aceite de oliva.

Y recomienda comerse las yemas porque junto con los altos niveles de vitamina D y biotina, la proteína que se encuentra en esta parte te mantiene saciado y satisfecho todo el día. Y no te sentirás tentado a comer snacks poco saludables.

Acompañarlos con pan de trigo integral, espinacas (u otro vegetal verde) y un tazón de bayas, así tendrás un buen comienzo equilibrado. La combinación de fibra, carbohidratos y antioxidantes no solo mantendrá tu cintura bajo control, sino que también puede proporcionar la nutrición que necesitas para tener una mañana concentrada y productiva.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Alabama y publicado en el ‘International Journal of Obesity’, asegura que comer huevos por la mañana previene el síndrome metabólico y, por ende, la grasa abdominal, la resistencia a la insulina y los niveles altos de triglicéridos.

La profesora de epidemiología Molly Bray, que dirigió el estudio, subraya la implicación que tiene sobre el peso corporal y el metabolismo el momento exacto del día en el que se come, y no solo el tipo o cantidad de alimentos.

La base de este descubrimiento se asienta en que la primera ingesta, tras estar en vigilia durante toda la noche, determina durante el resto del día la eficiencia del organismo para quemar las grasas de los alimentos consumidos en la comida y la cena.

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