Según una encuesta realizada entre médicos de EEUU más de un 20% de los mismos confesaron haber sido víctimas o testigos de conductas de acoso sexual sufridas en el entorno laboral.

De entre las prácticas denunciadas por los médicos encuestados, las tres que se producen con más frecuencia (más del 50% de los casos) son:

– Invasión deliberada del espacio vital, no respetando las distancias mínimas. Básicamente acercarse demasiado al compañero de trabajo.
– Comentarios, miradas lascivas y/o descaradas sobre el cuerpo (o algunas partes “concretas”)
– Tocamientos como abrazos, palmadas, etc…

Hay otros comportamientos, que no suceden con tanta frecuencia como los 3 enumerados, pero que también son indicativos de que la persona está sufriendo, en mayor o menor medida, un abuso sexual en su centro o puesto de trabajo:

– Constantes peticiones de citas o recibir reiteradas atenciones de lenguaje romántico.
– Proposiciones implícitas o explícitas para mantener relaciones sexuales.
– Recibir de alguien del trabajo mensajes o emails no deseados de contenido sexual.
– Ser constantemente tocada de forma abusiva en el puesto de trabajo.
– Mirarte de una forma que te hace sentir violenta. A este respecto, hay que recordar que la empresa Netflix estableció, este mismo año, unas normas contra el acoso sexual en sus instalaciones en la que establecía en 5 segundos la duración máxima que una mirada entre dos personas para que la misma pudiera considerarse aceptable y no como un acoso.
– Oferta de promociones, ascensos y beneficios a cambios de intercambio sexual.
– Represalias laborales o económicas por no ceder a algún intercambio sexual.

El acoso sexual, en un entorno laboral, tiene un efecto directo en las personas que lo sufren, pudiendo afectar tanto al estado de ánimo como a la concentración y por lo tanto a la productividad óptima en cualquier entorno laboral, así como tener graves repercusiones en la vida personal.

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