En los primeros mil días de la gestión del presidente argentino Mauricio Macri, los argentinos evalúan lo que ha sido su plan económico y el diario El País recoge cuatro testimonios del desencanto que les ha producido su gobierno.

Pablo Belfer tiene 35 años y es la tercera generación al frente de una fábrica de colchones con más de 50 años de historia y 60 empleados. Al igual que el 65% de los habitantes de Buenos Aires, en 2015 votó por Macri.

 “Estaba muy cansado de lo anterior, estaba podrido de la mentira y el robo descarado”, dice Belfer quien en un breve análisis del gobierno actual asegura que Macri ha incumplido muchas de sus promesas.

El brusco aumento de la inflación, azuzada por la devaluación del peso en más de un 50% este año, ha castigado con dureza las economías familiares. Las organizaciones sociales e instituciones académicas advierten del significativo aumento de la pobreza en 2018, aunque los datos oficiales se conocerán a finales de este mes.

Muchos de esos trabajos en negro los facilita la clase media, que se ha ajustado el cinturón ante la subida de hasta el 1.000% en el precio de la luz, el gas y el agua respecto a las tarifas hipersubsidiadas durante el kirchnerismo y que ha visto reducida su capacidad adquisitiva con subidas salariales inferiores a la inflación.

“Los aumentos tan salvajes frustraron las expectativas. Habría que haberlos hecho más pausados”, opina Claudio Porpora, un zapatero de 60 años. Porpora también votó a Macri porque quería un cambio- “No queríamos más de lo mismo”– y aunque cree que lo ha cumplido “a medias” volvería apostar por él “para que no vuelva lo anterior”, es decir, la presidencia de Cristina Fernández de Krichner.

Pese a la caída de popularidad, Macri conserva un 40% de imagen positivo y lidera las encuestas en intención de voto de cara a las elecciones presidenciales de 2019.

Ambos comerciantes creían que el cambio de políticas económicas haría que Argentina volviese a despegar después de unos cuatro, cinco años de estancamiento. No ha sido así. La lluvia de inversiones prometida no llegó y la inflación sigue desbocada.

Por su lado, los que no votaron por Macri hacen un balance mucho más duro de su gestión.

“Esperaba que fuera más de lo mismo que vemos en la ciudad, malo respecto a las necesidades más acuciantes en educación, salud, atención de la gente que duerme en la calle, pero la semana pasada con toda la corrida del dólar en la calle se notaba un nivel de angustia que no esperaba que llegase nomás a los dos años y poco de un gobierno electo”, dice el taxista Javier Pereyra.

“Los pasajeros subían todos tensionados sin saber qué proyectar hacia el futuro”, agrega Pereyra, quien cree que la situación actual lleva a recordar “los peores momentos de la Argentina” y ha provocado “una ampliación de desigualdad impresionante”.

Los viajes cortos que solía hacer este taxista y con los que resolvía sus ingresos no existen más, los usuarios no se lo pueden permitir y combinan el autobús con el metro. Pereyra trabaja de lunes a domingo y aún así sus ingresos son menores. “¿En el último año aumentó la nafta cuánto? ¿Cinco, seis veces ya?”, se pregunta.

A Barbara Rebord cada vez le cuesta más llenar las clases de su escuela de confección de carteras de cuero. “El cuero está valorado en dólares y con la crisis lo primero que hace la gente es recortar los cursos. Los que sí pueden venir sienten que el material es muy caro para invertir en eso”, señala Rebord.

La tasa de referencia del Banco Central al 60% récord mundial, y una inflación que puede acercarse al 40% este año han secado el crédito para las empresas nacionales, que ya habían sido golpeadas por la apertura parcial de las importaciones con la que Macri rompió el cerrojo impuesto por el kirchnerismo.

“Yo quería algo más promedio, no tan agresivo. Lo único que hizo Macri fue desfomentar lo nacional. ¿Si no tenés producción acá, cómo hacés para competir fuera?”, critica Belfer. “Queríamos el cambio que Macri proponía, no el que hizo”, concluye.

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