Entre 30 y 40 venezolanos duermen todos los días a las afueras de una caseta de La Garita, en Cúcuta, antes de seguir su viaje al interior de Colombia, o en su intento por llegar hasta la frontera con Ecuador o Perú.

Marta Elena, la dueña y cuidadora del lugar, cuenta como con el pasar de los días, los caminantes que pasan por su negocio empezaron a dejar mensajes alusivos a su motivo de viaje, sus sueños, esperanzas, y parte de las historias y personas que dejaron atrás, producto de la crisis que vive el país petrolero.

“Recuerdo a un muchacha que llegó como a las 11 de la noche. Apenas la vi me puse mal, me dieron muchas ganas de llorar y me descompuse”, cuenta la mujer de tercera edad antes de seguir: “Ella trata entre sus brazos a su bebé de 25 días de nacido. Apenas si se veía la pobre criatura… Me dijo que iban caminando a Perú. No sé cómo les habrá terminado de ir”, explica en medio de una sensación de tristeza, según lo reseñado por La Opinión.

Historias similares a esta se repiten día tras día en el puesto de la mujer, quien entre sus posibilidades, habilitó un espacio mediante el cual los venezolanos que así deseen, puedan expresar mediante un texto sus emociones antes de seguir su viaje.

Marta conserva cientos de mensajes, todos apilados en los alrededores de su local, por lo que es inevitable que al pasar por allí, una sensación de tristeza embargue a quien lea las palabras de los emigrantes.

Muchos escriben en cualquier papel que tengan a la mano, desde servilletas, hojas o billetes venezolanos que en la actualidad no tienen ningún valor monetario.

“Me han hospitalizado dos veces en el último año. Las historias que me cuentan me afectan tanto, que me dan crisis nerviosas y me enfermo. Ahora mismo estoy esperando que me autoricen una cirugía porque me encontraron cálculos. Pienso en esos días en los que no voy a estar para ayudarlos y me da una tristeza”, cuenta la mujer, quien a pesar de necesitar ciertas cosas, prefiere darlo todo para aquellos viajeros que pasan por su puesto en las noches.

A Marta muchas personas se le han acercado preguntado si necesita algo, pero su respuesta siempre es un no. Ella asegura que no necesita para ella, pero que todo lo que puedan ofrecer para los venezolanos que llegan será bien recibido.

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