El transporte público en Venezuela se ha convertido en un verdadero problema para los transeúntes, no solo por las largas colas y la poca cantidad de unidades, sino a su vez por el peligro que representa en la actualidad montarse en una unidad de transporte.

Cientos de venezolanos son víctimas del hampa en las calles capitalina mes tras mes, incluso cuando se encuentran a bordo de un autobus.

“Ese día iba muy apurada, apenas llegué a La Yaguara pude agarrar el bus y cuando me monté, arrancó”, contó Claret Gallardo a El Universal.

Ese día eran aproximadamente las dos de la tarde, una hora en la que la afluencia de personas suele reducirse un poco, permitiendo a los ciudadanos montarse a las unidades con mayor facilidad.

Pocos minutos después de iniciar el recorrido, la joven narra como cuatro jóvenes de mal aspecto se levantaron, y mientras que dos apuntaban con armas, los otros dos gritaban y exigían que el transportista se metiera por una vía alterna.

Tras llegar a cierto lugar del kilómetro 7 de Lomas de Paya, los ladrones empezaron a quitar bolsos y teléfonos.

“Cuando llegamos a Lomas de Paya, nos obligaron a bajar de la camioneta y nos quitaron todo lo que teníamos”, relató Gallardo, quien tras bajarse de la camioneta temblando, tuvo que seguir ahora su camino a pie y sin sus pertenencias.

Esta situación se ha vuelto algo común en Caracas, pues según un informe publicado por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en el año 2017, cada 8 de 10 venezolanos han sido víctimas de algún asalto durante su recorrido en alguna unidad pública.

Parte del informe refleja que muchos de los chóferes que siguen prestando servicio, han denunciado en alguna oportunidad el secuestro suyo, o de algún colega, tras vivir el robo de los pasajeros de la unidad; mientras que muchos otros, se niegan a realizar las denuncias correspondientes por temor a vivir represalias.

Ramón Artiga, chofer, cuenta como en septiembre del 2017, salió en la madrugada con su mayor disposición a trabajar como todo día habitual, en la ruta Antímano-Esquina de Salas.

Faltaban 10 minutos para la seis de la mañana cuando pasaba por la estación de Metro de Capitolio, solo faltaba dejar a un pasajero, sin embargo, luego de pasar la estación, un muchacho abordó la unidad de forma vertiginosa, junto a dos cómplices de delito.

“Me obligaron a darles el vehículo en el puente de Carmelitas. Me levantaron del asiento, me llevaron a la parte de atrás del autobús, me taparon la cabeza y me amarraron manos y los pies“, explicó.

Artiga relató que uno de los muchachos conducía mientras que los otros desvalijaban el autobús.”Pensé que me iba a morir, pensaba en mi hija”, enfatizó. El autobús se detuvo y escuchaba que desarmaban la parte de abajo de la unidad. De pronto hubo silencio, por lo que Artiga dedujo que se habían ido y salió como pudo del vehículo.

Ya en la calle cerca de la iglesia en La Pastora una persona acudió a él y lo desamarró. “Al autobús le quitaron la transmisión, la batería, la computadora y la punta de eje“, indicó. 

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