Twitter tiene solo 335 millones de usuarios activos, algo que parece poco en comparación con los dos billones de usuarios de Facebook, sin embargo, se ha convertido en el espacio predilecto para artistas, políticos, columnistas, entre otros. Twitter es la nueva palestra de discusión política y social. Aunque dentro de esta red social colindan distintos puntos de vista, se termina formando una burbuja. “¿Pensamos así porque estamos en Twitter?”, tendrían que preguntar los periodistas.

Twitter se ha convertido en la extensión lógica de las noticias 24 horas: un espacio sin límites para completar en frente de una gran audiencia. Esto convierte a cualquier discusión en una conmoción. Cualquier cosa es exuberante para 15 personas en internet y de allí pueden generarse interminables discusiones. Vamos a verlo de otro manera, quizás en el “mundo real” existe la misma cantidad de idiotas, pero en Twitter todos tienen un megáfono.

El consumo de noticias en la web también alientan la cultura exuberante en un mundo donde la importancia de algunas cosas es sobre magnificada.

En el mundo de los medios impresos es distinto, aunque los lectores pueden preferir lo banal, un periódico aún debe conservar sus secciones: política, economía, sucesos, y el lector debe comprarlo en su totalidad.

On-line nadie puede ver el contenido que eliges sobre otro y cada artículo debe obtener por sí los clics y los periodistas se ven atrapados en una lucha en donde una columna sobre una controversia sin sentido tendrá más clics que un largo y costoso reportaje sobre la hambruna en Sudán. Es algo deprimente dentro del periodismo.

Las investigaciones largas, profundas, pierden el sentido económico, en especial cuando las noticias se presentan en las redes, en donde existe menos fidelidad de marca. El Twitter se ha convertido en aliado y enemigo del buen periodista.

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